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Llegará el día, Dios mediante, en el que dirigentes, técnicos, jugadores, aficionados, periodistas y gobierno entiendan que lo más importante para el fútbol de un país -su cara, su vitrina, su alimento, su alma- no son los clubes, sino la Selección. Porque se trata del equipo que nos representa a todos.

Que haya un buen torneo y clubes sólidos es lo mínimo que se debe exigir. La institucionalidad del fútbol nica apunta a eso: a que se queden los más serios y ordenados, a que entren nuevos actores económicos, crezcan las exigencias y desaparezcan los más enclenques, perfecto.

Pero conviviendo con ello, con las sociedades anónimas, los estadios inapropiados que evitan que el espectáculo sea de mejor nivel, ¿podemos decir que se está cumpliendo con el deber? Por encima de todo está el tema de fondo: la Selección es la que manda. Ésa es la consigna y la única ética posible.

Deportiva y económicamente hablando, -si es que cabe esta opción- lo que más le conviene a los clubes para cumplir su principal objetivo comercial (vender jugadores) es que su gente esté en la Selección. La Selección es la llave, el privilegio. Tiene más repercusión, genera más interés, es mejor agente de venta. Si no que lo diga Real Estelí, que ha participado con más frecuencia en competencias internacionales y no ha vendido a nadie: Marvin Molina, Eliud Zeledón, Samuel Wilson, Rudel Calero, Ricardo Vega, Marlon Medina. Todos, jóvenes y viejos, siguen en Nicaragua.

Sin la mediación de la selección los precios bajan y las expectativas se disuelven. Incluso hay países como Inglaterra en los que por reglamento hay que demostrar cierta cantidad de partidos al año con la selección porque si no, no te contratan. Aunque seas toda una materia codiciable.

La Selección, queridos lectores, no pide jugadores. La Selección no conversa nóminas. La Selección llama. Y el que no viene, es castigado.

Eso es lo sano. En Nicaragua, de hecho, hay un reglamento que lo exige.

Claro que, como es evidente en estos días, no hay una convicción que lo ampare. El clima, pese a lo predicado, pese a lo votado en la federación, pese a lo dicho de la boca para afuera, es adverso a la selección. Una tontera.

Nicaragua, que tiene algunos talentos exportables, no ha ganado nada a nivel internacional y debe entender que no sólo es Estelí, ni Diriangén, ni Ferreti, sino la Selección lo más importante. Olivas y Rocha deben evangelizar todo el país. Les costará, pero lo pueden conseguir. Y entonces la Selección despegará. Pero urge un proyecto con dos direcciones, uno a mediano plazo y el otro a largo, y poner en el tapete esta frase que digamos todos: "la Selección es sagrada".

Esa evangelización de Olivas y Rocha la deben cumplir todos los técnicos. Porque somos un país atrasado en materia futbolística. Y nos está costando, como era previsible, porque la confusión, la envidia y el egoísmo siguen siendo la moneda de cambio en este reino.


Yo le diría a los técnicos y a los dirigentes pinoleros lo mismo que me decía mi abuela cuando junto a mis hermanos criticábamos a nuestra madre: "háganle caso a ella, que sabe más". Háganle caso a Otoniel, que sabe más, ya lo demostró.

Más allá de los resultados en las competencias internacionales, la gente tendrá que aprender en el país que algún día, aunque sea a los gritos, aunque sea escribiendo cien veces en la pizarra, la primera gran certeza de este juego: lo más importante es la Selección. Siempre.

Porque el equipo es de todos y hay que apoyarlo, debemos aprender que hay que jugar por los colores que se llevan en el pecho, que en el palpitar del corazón de nuestros héroes fluya una corriente sanguínea más fuerte, fervorosa, que inyecta pasión y amor a la camiseta con los colores azul y blanco de la patria digna y bendita.