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Uno piensa, bañado de optimismo: ¡qué importa lo que se diga del mejicano Francisco Rosas! Lo mismo da si es zurdo o derecho, fajador o esquivador, gruñidor o sigiloso. Sea lo que sea, Román “Chocolatito” González sabrá resolverlo en Oaxaca, en las ruinas de Pompeya o en la caldera del diablo.

Pero hay un temor imposible de ser desvanecido hasta el último momento, y es la dramática batalla del nica por hacer el peso requerido, que es 105 libras. Alexis se dio el lujo de abandonar tres coronas huyendo de ese martirio, “Chocolatito”, muy joven todavía y apenas comenzando a redactar su historia a puñetazos, tiene que exprimirse de diferentes maneras para poder defender por vez primera su corona, y eso naturalmente nos preocupa de una sola manera, con la angustia aguijoneándonos por los amargos recuerdos de Rosendo, siempre en problemas, tanto en 105 como en 108 libras.

Cuando me inicié como cronista en 1970, el peso más pequeño era el mosca, con límite de 112 libras. Siguiendo paso a paso la ruidosa carrera de Eduardo “Ratón” Mojica, me familiaricé --como todos los nicaragüenses-- con ese casillero. No existían las categorías de 108 y 105 libras, “inventadas” para ampliar el radio de acción del negocio.

Había más gallopinto y la extrema pobreza no se había popularizado tanto, consecuentemente, era raro encontrar a chavalos de 19 ó 20 años en pleno desarrollo, pesando 105 libras. Conocí a “Kid Choreja”, el perenne rival de “La Sombra” Meléndez; ése sí era un auténtico 105 libras. Tan pequeño que parecía estar pegado al piso, pero obligado a rifarse en las 112.

Román “Chocolatito” González estaría tranquilo en esa época moviéndose entre los moscas, no estrangulado por la presión. Él dijo: “No se alarmen”; pero resulta que zarpó hacia Oaxaca, México, bien entrenado y pesando 108 libras. En pesos como el Welter, tres libras a esta altura están lejos de preocupar porque son algo menos que una broma, pero en las divisiones “pulga”, hay momentos en que cada libra de exceso se aproxima a una tonelada.

¿Cómo evitar ser atacado por la incomodidad cuando tu enemigo número uno es la báscula, no el adversario? Lo peor que puede ocurrirle a un atleta es ser sometido a una dieta, no estricta, sino agobiante, mientras la tensión y la ejercitación consumen tus energías. Sientes que tus huesos se humedecen al flexibilizarse en exceso.

Ése es el esfuerzo de cada día, a lo largo de cada minuto, que “Chocolatito” tiene que hacer hasta el momento del pesaje oficial el viernes. Su entrenador, Gustavo Herrera, y sus manejadores no han podido dejar de masticar sus uñas y rascar sus cabezas. Quizá Román tenga tanto éxito en su esfuerzo supremo, que marque debajo de las 105, pero el sacrificio no será borrado. Será un buen momento para mostrarnos que su corazón puede hincharse lo suficiente para mantener intactas sus habilidades.

Ojalá.

dplay@ibw.com.ni