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Nuevamente el duelo cumbre del futbol mundial, una batalla como la de Zama, con Zidane y Luis Enrique como Aníbal y Escipión, los generales, extraordinarios estrategas. Ambos zigzagueando en un campo minado entre el ensueño y la pesadilla. Puede escucharse el siniestro rugir de las llamas atravesando el llano. Hoy, los leones blancos del Real Madrid, revestidos de furia, enfrentan al Barcelona, equipo que en tiempos de Guardiola fue fabricante de un realismo mágico, y ahora es más directo y práctico. Una vez más, Cristiano y Messi frente a frente espoleados por el orgullo.

LA DESTREZA Y LA FIEREZA

El pequeño mago argentino, considerado mayoritariamente el mejor jugador que podemos ver, y el portugués inyectado de furia ruidosa, favorito para ganar el Balón de Oro 2016, listos para otro round saca chispa. Raramente, Messi, quien siendo un chavalo de 19 años en el 2007 le clavó tres goles al equipo de la realeza en un dramático y espectacular empate 3-3, no ha podido sacudir las redes blancas en los últimos cinco duelos, completando 400 minutos de sequía, sin embargo, es líder anotador en los Clásicos con 21 –más juegos que Cristiano quien llegó en el 2009-, superando al “as de espadas” Alfredo Di Stéfano, un argentino que empujó al Madrid a la conquista de cinco Copas de Europa consecutivas y sacudió las redes 18 veces. Ambos llegan en un buen momento después de concluir ausencias necesarias para restablecerse físicamente. Ventaja de Cristiano globalmente en goles y de Messi en asistencias, casi equilibrados en nivel de incidencia.

El equipo azulgrana todavía se encuentra amargado por el recuerdo del revés 2-1 sufrido el 2 de abril. El Madrid, goleado implacablemente 4-0 por el Barsa en la primera vuelta, supo responder en la revancha efectuada en el Nou Camp, imponiéndose 2-1 con goles de Benzema y Cristiano, anulando el dardo clavado por Piqué en el minuto 56.

Antes de ese juego, el Madrid, se encontraba a 10 puntos de distancia y parecía liquidado, pero ya con Zidane, terminó peleando la Liga. En esta ocasión el equipo urgentemente necesitado del triunfo es el Barsa, alejado seis puntos, con peligro de deslizarse a nueve, aunque con tiempo suficiente para ensayar un resurgimiento, porque los primeros días de diciembre no son los de abril. Perder a Gareth Bale, exitosamente operado en los tendones de su tobillo derecho, es un serio golpe para el Madrid, pero no tanto, como la perdida de alma que ha sufrido el Barsa, atravesando por empates angustiosos.

ABROCHEN CINTURONES

El Real Madrid, utilizará a Lucas Vásquez por Bale, en una línea de fuego con la fortalecida capacidad de destrucción de Cristiano,  y el aporte de ese tigre en el área que es el francés Benzema. En tanto, Messi, Neymar y Luis Suárez, esperan volver a funcionar tan eficazmente como han dejado de hacerlo. El trío del Barsa se ha visto desajustado en los juegos recientes, tan es así, que Neymar lleva siete juegos de Liga sin anotar y Luis Suárez no se ha visto letal en las definiciones. Como es obvio en duelos de este tipo, la lucha por prevalecer en el medio campo será esencial, y el Barsa confía en Iniesta, supuestamente restablecido para conseguir proyecciones ofensivas que faciliten espacios a Messi, aprovechando el acompañamiento de Rakitic, con Busquets realizando el trabajo de contención y orientación llegando desde atrás; y al otro lado, el cada vez más evolucionado e influyente Isco, el formidable croata Luca Modric, mordedor incansable y dueño de un ímpetu llamativo, y Kovacic, quien ha obtenido la confianza de Zinedine Zidane.

Las dudas sobre Jordi Alba en el lado del Barsa y de Ramos en la defensa blanca, parecen haberse desvanecido. La firmeza de Piqué, la bravura de Pepe, la destreza de Marcelo, el extra de esfuerzo que coloca Carvajal, la voluntad inquebrantable de Mascherano, y la presencia de Sergi Roberto, certifican seguridad en los dos fondos. Un duelo para disfrutarlo con el Madrid como favorito pese a la pérdida de Bale, por atravesar un mejor momento.