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Saltando encima de ese electrizante 1-1, el Real Madrid siente y es real, que salió victorioso del Camp Nou en Barcelona. Hasta el minuto 89, el Barsa ganaba 1-0 por el cabezazo de Luis Suárez enderezando un centro de Neymar en el minuto 52. De pronto, contra reloj, por caer el telón, la curva trazada por Modric desde la izquierda, fue golpeada con la cabeza de Sergio Ramos con mortífera precisión, inutilizando la felina reacción de Ter Stegen, y sellando el 1-1.

Fue como rescatar entre las brasas el ego del Real Madrid que no pierde en la era Zidane desde hace 33 juegos, impedir que el liderazgo sufriera un mordisco con el equipo azulgrana recortando de seis a tres puntos su desventaja como sublíder, y mantener intacto más allá del peligroso oleaje en que se desarrolló el duelo, el invicto de los blancos en la Liga. Cuestión de ego, diría Oscar Wilde. Y tratándose del Real Madrid, desde la época de Di Stéfano, el ego que tanto agiganta entre las dificultades, es sagrado.

AULLIDO Y GEMIDO SE JUNTAN

Hubo un tiempo en que se decía que Wiston Churchill, de exuberante talento para manejar estrategias militares, tenía la mejor cabeza de Europa, hoy, podemos afirmar que Sergio Ramos tiene la mejor cabeza de España, porque piensa, se atreve y concreta en momentos cumbres, convirtiéndose en factor para rematar, arrebatar o salvar. El Atlético de Madrid todavía sangra por aquel cabezazo clavado en Lisboa en final de Champions. Con Ramos en pie de lucha, amenazante, un minuto parece ser eterno. Ese cabezazo fue directamente al corazón de la multitud cercana a los 100 mil en el Camp Nou. El aullido de lobo renaciente y el gemido por el tesoro perdido, se juntaron estremeciendo al planeta.AFP/ END

Ni Cristiano ni Messi brillaron, pero fue más el portugués en su habitual gestión como fabricante de miedo entrando al área, sobre todo, cuando se acerca tanto a la orilla de la cabaña como en el minuto 88, forzando una intervención oportuna de Jordi Alba, evitando que el cabezazo del goleador, alargara su trayectoria frente a las narices de Ter Stegen después de rebotar en el piso.

Messi, con muy pocos trazados de conexión y reducido en los desmarques para recibir y proyectarse, dispuso de una enorme posibilidad de fracturarle la mandíbula al Madrid, cuando con el marcador 1-0 en el minuto 81, recibió un pase maestro de Iniesta, extendiendo a seis juegos su sequía en Clásicos. No hubo Messi -dependencia, ni se consiguió aporte del mejor Cristiano-. Ambos salieron por la puerta de al lado, discretamente.

ENTRA INIESTA ILUMINADO

Los nudos del rápido, intenso y bravo partido, tenían que desatarse en el accionar que se lograra desplegar en el medio campo, y en esa tarea, incansables y eficientes, interceptando, moviéndose por los costados y avanzando por el centro, sujetando adversarios y tejiendo enlaces, el croata Lucas Modric del Madrid y Sergio Busquets del Barsa, se elevaron tan alto como Torres Eiffel imaginarias, haciéndose sentir mostrando destreza y dureza. ¡Qué llamativo fue verlos funcionar la mayor parte del tiempo, con la precisión de un reloj suizo! De sus maniobras, producto de una lucidez casi permanente, salieron los grandes destellos en medio del fragor de la lucha.

Desequilibrante fue Andrés Iniesta regresando a la trinchera. Desde su ingreso por Rakitic en el minuto 59, un parpadeo después de una salvada apurada de Jordi Alba frente a un confundido Benzema, Iniesta se adueñó de los hilos del juego desde el sector izquierdo, ampliando el dominio de balón y territorial del Barcelona en el segundo tiempo, olvidando los cortes de corrientes y horizonte nublado de la primera etapa que concluyó 0-0 entre interminables discusiones de penales ignorados por el tolerante árbitro Clos Gómez, tanto consecuencias de empujones como el de Mascherano a Lucas Vásquez en el minuto 3, como de manos sueltas de uno y otro lado. Quizá Gómez temió hacer arder el Camp Nou y hacer borroso el juego y se hizo el ciego.

CRISTIANO Y MESSI HICIERON POCO A FAVOR DE SUS EQUIPOS.¿CUÁL DEFENSA MORDIÓ MEJOR?

La defensa del Real se vio mejor establecida que la del Barsa en el primer tiempo. La del Barsa, supo apretar en el complemento consiguiendo un mejor funcionamiento, hasta el gol de Ramos. Piqué estuvo bien, pero inseguro el resto, sobre todo en los cierres, sin poder salir con claridad.

Ese déficit fue oculto por la aceleración que le aplicaba el medio campo azulgrana con Messi retrasado, como acostumbra cuando se ve sin la pelota. Varane y Ramos muy sólidos en el primer tiempo, otorgaron concesiones después, cuando los necesarios avances de Marcelo y Carvajal, al no conseguir Isco y Kovacic subir extendiendo sus alas, abrieron brechas atrás. Eso posibilitó ver a un Neymar muy agitado con Suárez a la expectativa. Por el Barsa, Jordi y Sergi Roberto realizaron un mejor cuido de las bandas y el Real no pudo habilitar a Cristiano con la frecuencia de otras veces.

El primer estallido de gol lo provoca el Barsa por medio del uruguayo Suárez. Pelota elevada por Neymar desde la izquierda, y casi fantasmalmente, Suárez, decidido, consigue posición y golpea la pelota con violencia y hacia abajo, inutilizando al tico Navas. Ventaja de 1-0 en el minuto 52, galvanizó al Barsa que retomó su viejo estilo y pudo ampliar, fallando dos de sus atacantes más dañinos, Neymar y Messi. El 1-0, naturalmente estimulante para los azulgranas, apresuró el futbol del Madrid, necesitado de mejor orientación. Entró Casemiro por Isco sin incidencia en la organización, pero oportuno devolviendo en la propia raya el largo cabezazo de Sergi Roberto en el minuto 92, preservando el empate 1-1.