•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hay equipos tan extraordinarios como irrepetibles que marcan por siempre a una franquicia. Los Yanquis de Babe Ruth y Lou Gehrig, los Dolphins de Don Shula, los Bulls de Jordan, el Santos de Pelé, el Real Madrid de Di Stéfano, y por supuesto, el Barcelona que manejó Pep Guardiola. Frente a ese equipo fabricante de realismo mágico en todos los sectores, no se podía pretender quitarle el dominio del medio campo, ni desconectarlo adelante y mucho menos recortarle constantemente la proyección ofensiva de sus laterales, como lo hizo el sábado el Madrid de Zidane. Fue visible el mejoramiento del Barsa en el segundo tiempo, pero distante del accionar fino y  punzante, que conseguía con relativa facilidad el equipo de Guardiola. El recuerdo de aquellas imágenes, aún en algunas derrotas, no se desvanecen, permanecen intactas. 

La superioridad del Real Madrid en el anticipo, la recuperación y los enlaces, fue proporcionada eficazmente el sábado por Modric, Isco y Kovacic, empujando al equipo pese a la pérdida de notoriedad de Benzema y Vásquez adelante y la presencia de Cristiano reducida en la segunda etapa. En el Barsa, el esfuerzo multiplicado de Busquets, no encontró acompañamiento al naufragar Rakitic y André Gomes, lo que impidió una adecuada conexión con los hombres de vanguardia, quitándole capacidad de agresión al equipo. La consiguió en el segundo tiempo creciendo en determinación y manejo después del gol que logró Luis Suárez, pero sin el sostenimiento de la época de Guardiola.

Claro, en aquel tiempo, estando Xavi en plenitud, más el brillo de Iniesta y la evolución de Busquets, se garantizaba con la cercanía de Messi, un control de los hilos del juego, admirable. Era el Barsa de las sinfonías, moviéndose en la cancha con la música de Mozart o Bethoven. No se discute el futuro de Sergi Roberto, ni la utilidad que puede alcanzar, pero el gran socio de Messi por la banda derecha, fue el incansable Danny Alves, tan extrañado ahora, en tanto la fiereza de Puyol, tenía un gran complemento en el desarrollo de Piqué, recuperado del futbol inglés, hasta llegar a ser lo que ahora es y significa.

Aunque el estilo de Luis Enrique es más directo, contar con piezas esenciales del anterior engranaje, le permitió continuar utilizando la posesión del balón como su mejor recurso, mientras con Neymar y Suárez reemplazando a hombres de área como Alexis, Villa y Pedro, se tocaba menos, pero tanto en maniobras individuales  y combinadas, se fabricaban más opciones.  Sin embargo, ese recurso se ha deteriorado y el equipo pierde profundidad, así Alba siga ofreciendo aportes con sus desplazamientos. Sin llorar por Danni Alves, se escuchan lamentos. Es un Barsa distinto y no tan eficaz para producir resultados como aquel equipo de Guardiola, porque se traba mucho o sus hombres de área se confunden y tropiezan en lo más liso.