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Barcelona
A sus 20 años, Lionel Messi acudió a la entrega del FIFA World Player cojeando y elegantemente vestido. “Es la primera vez que me pongo un traje”, bromeó. El azulgrana se lesionó en Mestalla por un mes y, aún siendo conocido como la pulga, su grandeza es tal que incluso ausente es el protagonista del clásico en el Camp Nou. Hace un año le metió tres goles a Iker Casillas; el domingo lo verá en la grada. Eso le duele.

P. ¿Cómo lo lleva?
R. Mal, estaba ilusionado con el partido. Pagaría por estar en el campo, pero ahora sólo pienso en curarme. No es nuevo, pasé antes por un trance parecido.

P. Dice Begiristain, el director deportivo del Barcelona, que su lesión es lo peor que le podía pasar al equipo.

R. El problema es mío; el equipo no me echará de menos. Hay jugadores de sobra para ganar al Madrid; no es problema. Aunque yo no juegue, el Barça tiene mucho talento en la delantera.

P. ¿Nunca fue un mandamás en el campo?
R. No. Siempre he sido el más pequeño. En el campo no mando nada. Si he de decir algo intento hacerlo con la pelota. No soy de hablar mucho. Hablo con la pelota, hablo cuando tengo la pelota.

P. ¿Y con los rivales habla?
R. Depende. Con alguno te ríes, con otros hablas más, comentas jugadas, qué sé yo, si se equivocó el árbitro o no. Para que no me den patadas, no.

P. ¿Alguna vez sintió miedo?
R. No, sólo tengo miedo a perder. En eso no pienso, no pienso en el futuro, sino en el día a día. Cuando el partido va mal y ves que no te salen las cosas, entonces tengo miedo, miedo a perder el partido. No temo nunca lesionarme, las lesiones son inevitables, parte del fútbol.

P. ¿Qué pensó al lesionarse?
R. Primero en que dejaba el partido y luego en lo demás. Una lesión es lo peor. No juegas y tampoco entrenas.

P. ¿Le gusta entrenarse?
R. Acostumbro a ser el último en irme; me gusta estar en el vestuario y, además, no tengo nada mejor que hacer. Me gusta el fútbol y los entrenamientos son parte del fútbol. Conozco gente que hace cosas menos divertidas y trabaja en cosas duras.

P. Usted no parece muy caprichoso: no viste trajes caros, ni lleva un reloj de lujo.

R. No soy nada caprichoso. No me gusta ir de compras. Voy porque tengo que ir, pero no me compraría ni ropa; no soy nada presumido.

P. ¿Su manera de jugar, se entrena o le sale de dentro?
R. Sin esfuerzo y trabajo la inspiración no sirve de nada. Sé que tengo un don y cada día le doy las gracias a Dios y lo aprovecho; juego como me sale, no practico regates, no ensayo nada.

P. ¿Cuándo empieza a visualizar los partidos?
R. En el momento antes de salir a la cancha. Durante la semana no pienso en nada de eso. Antes, caliento en el vestuario, no me pongo muy nervioso.

P. ¿Sigue sin estudiar a los rivales?
R. ¿Para qué? Siempre juego igual, a mi manera. A veces noto que hay equipos que me ponen a dos jugadores cerca. Eso me exige; es un reto para superarme saber que se preocupan por mi juego. Siempre dije que había rivales que no me dejaban ni mover y otros que me eran más fácil de superar. Contra el Chelsea me costó mucho. Y con el Sevilla, antes, también. Pero no recuerdo muchos partidos. De unos me voy conforme; otros me dejan más contento. Si el equipo no gana, no me voy contento.

P. ¿Recuerda el día en que le dieron más patadas?
R. Contra el Chelsea no me pegaron mucho, pero con una bastó. Fue una entrada dura. Creo que no le he vuelto a ver al que me la pegó [Del Horno]. ¿Jugamos otra vez? Creo que no.