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Si del brillante semifondista británico Sebastián Coe, convertido hoy en Presidente de la Federación Internacional de Atletismo, se decía que viéndolo desplazarse en la pista era poesía en movimiento, de Alberto Juantorena podría decirse que fue la furia cabalgando sobre los lomos de un huracán. ¡Apártense! que él era capaz de abrirse paso en un campo minado de rivales temibles para ir hacia una de las más impresionantes hazañas de todos los tiempos: ganar las medallas de oro en 400 y 800 metros en los mismos Juegos, incluyendo el derrumbe de una marca mundial. 

Eso fue en 1976, en Montreal, asombrando al mundo. Hace poco, cuando Coe, un especialista en 800 y 1,500 -eventos más familiares-, estuvo entre nosotros cambiando impresiones en el Inter de Metrocentro, se refirió a Juantorena como un fuera de serie, preguntándose si alguna vez volveríamos a ver a un ganador de 400 y 800 en los mismos Juegos, advirtiendo que lo dudaba por la exigencia del calendario de clasificación en las dos pruebas, las mayúsculas exigencias, y las características. 

IMPRESIONABA VERLO

Erguido, con el cuello bien estirado y su afro retando las embestidas del viento, mostrando una elegante, potente y rápida zancada devora metros, Juantorena fue un auténtico purasangre en aquellos 800 inolvidables. Después de dos grandes esfuerzos clasificatorios, enfrentó en la final al estadounidense Rick Wolhuter, quien sobrevivió a una descalificación. Viniendo desde atrás, neutralizando una embestida del indio Singh y pisando el acelerador a fondo para fugarse de Ivo Van Damme y Wolhuter entrando a la recta final, Juantorena ganó el oro con el nuevo récord de 1:43.50 minutos. Fue el 25 de julio y dos días después, batallando con la pérdida de voltaje producida al fajarse como león en las eliminatorias de los 400 metros, conquistaba el doble oro improbable, dejando un reto para las futuras generaciones, combinando lo más veloz del medio fondo, los 800, con lo más desgastante de la velocidad, los 400.

Juantorena mejoró en el 77, una centésima el récord, y Coe lo tumbó en el 79, después que el cubano repitió ese doblete en los Centroamericanos y del Caribe realizados en Medellín, 1978, siendo vencido en los Panamericanos de San Juan, Puerto Rico en 1979, por los estadounidenses Thomas Darden en 400 y James Robinson en 800. Esas dos medallas de plata, fueron una demostración que los “monstruos” de la pista también se cansan, y pierden.

AQUEL CIERRE ERIZA PELOS

Desde Montreal, lo más impresionante que vi de Juantorena, fue en 1982, en el marco de los Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Cuba en el evento de 4 por 400, estando Fidel en los palcos con el Comandante Fernández. La posta cubana estaba siendo atropellada por Jamaica entre la desilusión de la multitud, cuando llegó la entrega de la estafeta para los últimos 400. Aparte de la alarmante desventaja de casi 15 metros, hubo un atraso en el cambio que la estiró más. Juantorena comenzó a proyectarse espectacularmente recortando distancia.  Su zancada fue más larga, más fuerte y más rápida. La desesperación lo espoleaba y su corazón retumbaba. Después de los 200 metros, se convirtió en un proyectil. No lo podíamos creer. Fidel se empinó como si pretendiera saltar a la pista y empujarlo hacia la proeza. No fue necesario, el alma de un purasangre, hizo que la ventaja proporcionada a Jamaica por Bert Cameron desapareciera y Carl Smith, el hombre de cierre, se vio azotado por un huracán. Lo más impactante fue ver ganar a Juantorena por casi 10 metros. ¿Cómo fue posible eso? Todavía estoy rascando mi cabeza. 

Uno de mis mayores timbres de orgullo fue haber conversado con Juantorena en Medellín 78 después de un doble triunfo en 400 y 800. Obviamente en la plática, regresamos a lo de Montreal. Entre tantas entrevistas, él difícilmente se acordará. Pero a mí, no se me olvida. Ni en la otra vida. Ha sido uno de los atletas que más he admirado.