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De pronto, el nombre de Maikel Cáseres se convirtió en una constante en las transmisiones radiales y televisivas de los partidos de los Indios del Bóer en la Liga Profesional. El dinamismo de su juego y la incidencia de sus acciones en los desafíos de la Tribu convirtieron su nombre en un elemento indiscutible de cada crónica en los periódicos. Desde su primer juego con la camisa del conjunto más popular del país, este jardinero y primer bate cubano impactó bateando de 4-2, con dos carreras anotadas y una empujada. Desde entonces se empeñó en alcanzar la cúspide de los bateadores y pudo lograrlo demostrando una consistencia de máximo nivel.

Cuando se puso en marcha la décimo segunda edición de la Liga Profesional, sorprendió que el muchacho William Rayo se adueñara por buen rato del liderato ofensivo. Sin embargo, ante la disminución de su empuje, saltó a la cima el venezolano Wuilliam Vásquez, quien en un alarde ofensivo terminó por adueñarse de la triple corona. Con Vásquez establecido con amplio dominio sobre el resto de sus perseguidores, se consideró una misión sumamente complicada destronarlo, hasta que apareció Cáseres con su bateo constante, para asaltar al venezolano y quedarse con el botín. El duelo no está decidido, así que prepárense para una lucha electrizante por el liderato ofensivo. Será la furia de Vásquez contra la consistencia de Cáseres.  

Inicio huracanado

El Bóer, que para mediados de noviembre estaba en el fondo de la tabla de posiciones, necesitaba entonces un bateador de ritmo dinámico, de cañoneo seguro y de guante solvente, capaz de convertirse en un incansable tomador de bases y en un constante generador de emociones. En búsqueda de un pelotero con esas características, los Indios se encontraron con el cubano Maikel Cáseres Dorsine, quien no tardó en demostrar su ferocidad madero en mano y en tan solo su primera semana de acción hizo los méritos para ser considerado el jugador más destacado de ese periodo.

De acuerdo con el comunicado de la LBPN, Cáseres alcanzó un promedio ofensivo de .480 puntos, por 12 imparables en 25 turnos al bate en los juegos del 18 al 23 de noviembre, que fue su semana de debut. De sus incogibles, dos fueron dobletes. Su accionar incluyó una carrera impulsada y ocho anotadas.

A todo ello es necesario agregarle que como primer bate presentó credenciales de “entrenado para esa posición”, pues según el reporte de la Liga, estuvo constante sobre las almohadillas, algo que en gran parte se debió a su capacidad de tacto, pues en cada desafío conectó, como mínimo, dos imparables. Además, anotó carrera en cuatro de los cincos juegos que la Tribu realizó en esa semana. De su velocidad de piernas no dejó espacio para dudas.

Llamativa consistencia

La demostración de esa primera semana fue solamente la advertencia de lo que era capaz de hacer el hiteador cubano, que meteóricamente se adueñó del protagonismo en las filas del Bóer y pronto reclamó un espacio entre los mejores artilleros de la Liga. Su consistencia en el cajón de bateo lo llevó a destronar a Vásquez del liderato ofensivo y a ser considerado un bateador extremadamente peligroso.

Hasta antes de la jornada de ayer, Cáseres bateaba para .432, muy por encima del .403 del artillero de los Gigantes de Rivas. Si bien es cierto que el cubano no es un bateador de poder --solo tiene un cuadrangular-- y que por lo tanto no representa un peligro para el venezolano en el departamento de jonrones, sí podría privarlo de la triple corona, quedándose con el liderato ofensivo. Esta lucha entre Cáseres y Vásquez será uno de los grandes atractivos de la recta final de la ronda regular. Procuren no perdérsela.