•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

LA FE DE GUADAMUZ. Aquel 2 de enero de 1981, es una fecha grabada en el mármol de mis recuerdos. Entré a la cabina de La Voz de Nicaragua en compañía de Enrique Armas para poner en marcha el primer programa Doble Play.

Estaba seguro que tendríamos al menos un escucha, Carlos Guadamuz, director de la emisora gubernamental y que sería él quien realizaría la primera llamada para decirnos algo que no le gustaba. No sería el famoso y ruidoso ¡Sáquenlos! de Otto de la Rocha, pero Carlos, un permanente inconforme con quien cultivé amistad desde nuestra época tendría algo que cuestionar. Era su hobby. No sé cuántos oyentes sintonizaron el programa, aunque  por lo que me dicen quienes encuentro en las calles o se comunican por teléfono, parece que fueron centenares, lo que me costó creer, es que Guadamuz no llamó. Más tarde ese mismo día, me dijo: “estuvo bien, me gustó, es un programa diferente y va a pegar entre la gente”. Consideré ese vaticinio solo una cortesía.


EL FACTOR ENRIQUE. Han pasado 36 años desde aquel día, tiempo suficiente para que Alejandro le mostrara su grandiosidad al mundo y que Doble Play, ahora con el apoyo decidido de René Pineda y Miguel Mendoza ha utilizado para establecerse. Incluso, su rara música rapera de introducción “No toques eso” de M. C. Hammer se ha convertido en familiar. Decidí agregar como toque de ilusión patriótica, sin autorización de ese gran amigo que es Carlos Mejía Godoy, el uso diario de su popularísima y sentimental “Nicaragua, Nicaragüita”. Cuando se le dio forma al proyecto en una reunión de cinco minutos en su oficina, Carlos Guadamuz me preguntó ¿Quién era Enrique y por qué lo había seleccionado? Le dije que yo sabía lo que hacía y que no quería ninguno de los conocidos porque eso afectaría el propósito de “algo diferente”. Pronto, Doble Play consiguió impulsarse. El dinamismo de Enrique, su agresividad y hasta su prematura jactancia ayudó mucho. Todavía se lo agradezco después de verlo crecer tanto.

LA GRAN COMBINACIÓN. El aterrizaje de René y Miguel, fue de mayúscula importancia cuando Enrique, oportunamente y con su capacidad en progresión se independizó. En esos años 90, Doble Play pasó a ser de mi propiedad, manejado financieramente y en gestiones por Chilo. Son muchos los colegas y amigos quienes me han acompañado en la cabina del programa mientras me acercaba a la inevitable vejez. Por cumplir 73 años en unas seis semanas y doblar hacia los 74, el aporte de René y Miguel me proporciona una gran confianza. Ellos forman una combinación de doble plays tan estupenda, que yo me aparto para dejar pasar los roletazos. El agregado de un prospecto como Germán García ha sido valorado por los oyentes. Una vez más, mi “ojo clínico” ha acertado. Doble Play no es una escuela, pero te acondiciona para el aprendizaje permanente y el atrevimiento a exponer puntos de vista, es decir, contribuye a la identidad que todos buscamos. Nunca pensé que nos extenderíamos a los 36 años, pero aquí estamos y digo para mí mismo ¡Chocho!