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El Salón de la Fama mantiene sus puertas cerradas para Pete Rose, sin embargo, más allá de ese rechazo tan sometido a discusión por el delicado problema de haberse visto el pelotero involucrado en apuestas, “siempre estará Rose”, como le dice Humphrey Bogart a Ingrid Bergman de París, en la escena más recordable de la película Casablanca.

El gran romance de Pete Rose con el beisbol fue más fuerte, y sus cifras, su furia, su obsesión, con el agregado de tantas imágenes imborrables, garantizan su perdurabilidad. No hay forma de ignorarlo. Siempre estará Rose con su fama intacta, incluso muy por encima de un grueso número de “inquilinos” del Salón, distantes de alcanzar su gran dimensión como pelotero símbolo de una época grandiosa.

CIFRAS RESPLANDECIENTES

¿Podrán ver las nuevas generaciones un bateador capaz de superar los 4,256 hits conectados por Rose para borrar la marca de 4,190 que estableció Ty Cobb, que parecía imposible de ser perturbada? Improbable, porque Ichiro Suzuki llegó tarde a la gran carpa. El japonés es el único que podía haber tumbado a Rose.
Atravesando por una época en que los bateadores de 3,000 hits tienden a escasear por la durabilidad que necesitan rindiendo al máximo, la cifra de Rose, aunque no tan lejana e inalcanzable como los 511 triunfos de Cy Young, es un reto tan grande como tratar de demoler a puñetazos una montaña. Entonces, ¿cómo robarle su fama, si Cooperstown no tiene a ninguno a la orilla o por encima de él?

Pete, quien como Suzuki, registró 10 temporadas de 200 o más imparables, estuvo en el box score de 14,053 juegos y disparó 3,215 sencillos, cifras récord de todos los tiempos. Fue Novato del Año en 1963 con 170 hits, 101 anotadas, 25 dobles, 9 triples y 273 puntos en 157 juegos. Obtuvo el más buscado de los reconocimientos a la excelencia en el terreno, el título de Mas Valioso de la Liga Nacional en 1973, con 230 hits, 115 anotadas y 338 puntos, asegurando su tercer cetro de bateo a lo largo de una carrera de 24 años.

HIZO DE TODO Y MUY BIEN

Obviamente, no hay manera de colocar a Rose al margen de la cuartilla. No se le puede carcomer su fama. Fue seleccionado para 17 Juegos de Estrellas en diferentes posiciones: segunda base, tercera base, primera base, right fielder y left fielder; fue un ganador de series mundiales, dos veces con los Rojos, 1975 y 76, y una con los Filis, 1980; consiguió guantes de oro en 1969 y 1970, y fue el más grande generador de emociones con su atrevimiento sin límites, entregándole al público hasta la última gota de su sudor.

Si necesitan “algo más”, ahí tienen su impresionante racha de 44 juegos hiteando en 1978, la más larga después de los 56 de Joe Dimaggio, y sus 15 temporadas bateando sobre los 300 puntos. Así que su fama permanecerá intacta, sin necesidad de estar en el Salón de Cooperstown.