Edgard Tijerino
  •  |
  •  |
  • END

La frase más ruidosa de Francisco Rosas ayer después del pesaje fue “le voy a partir la madre”, para mí sin pies ni cabeza por falta de soporte. Es como pararse frente al Everest y decir, “lo voy a escalar descalzo”.

Hasta hoy, Rosas no ha tenido significado como pugilista, y él cree que hablando con agresividad, consigue hacerse notar y consecuentemente existir. Por una noche, será uno de los cuatro principales protagonistas en el cartel de Oaxaca, pero una vez se apaguen las luces, podría volver a dejar de existir.

“Voy a atacarlo y lo golpearé con fuerza”. Qué fluido es Rosas amenazando, pero ¿cómo piensa hacerlo?, es un enigma. Así que tal frase, suena a disparate. “Él no tiene golpeo para inquietarme”, fue otra expresión, como si no hubiera visto el vídeo con Niida.

El optimismo, cuando se descarrila, termina de distorsionarte sobre la realidad, pero Rosas prefiere moverse en la ficción de su imaginación.

“Si estoy aquí es para vencer”, dijo quien tiene cuatro años de no pelear en el casillero de las 105 libras, algo que será infernal para él retando al nicaragüense en crecimiento.