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Quizás si ha estado frente a un espejo, el mejicano Francisco “Chiquita” Rosas, no se hubiera mostrado tan optimista, mientras era entrevistado todavía entre las cuerdas. Por las huellas de su rostro, no se le podía creer que estuviera exigiendo una revancha, pero lo gritaba.

“Yo gané. Lo vieron, pero los jueces se enredaron. Empujé la pelea y estuve disparando en todo momento. Cuando todo terminó, me sentí campeón. No importa, soy paciente”, dijo.

Para Rosas, sobrevivir al vaticinio de ser noqueado, y haberse fajado a ratos como lo hizo, fue un éxito.

“Decían que era el mejor del mundo en la categoría. Frente a mí, no lo fue. Demostré que se le puede pelear, golpear y vencerlo. Estoy plenamente satisfecho con mi actuación. Es por eso que insistiré en buscar la revancha”.

Sin espacio en los primeros asaltos, Rosas se fue asentando y atreviéndose, a medida que el tiempo avanzaba y “Chocolatito” se mostraba debilitado.

La única caída, fue de Rosas por un resbalón, sin consecuencias. Ambos utilizaron golpes bajos recibiendo amonestaciones, y el mejicano, una vez perdido el respeto al comprobar que el nica necesitaba oxígeno y estamina, logró emocionar al público que no cubrió la mitad de la Plaza Guekaguetza, aquí en Oaxaca.

“Tenía rato de no combatir en las 105 libras, pero no me sentí un extraño. Supe fajarme y presioné consistentemente. Me había preparado para eso. En una nueva pelea con él, lo atacaré con más seguridad. Sé cómo meterme en su guardia, tanto por debajo como frontalmente”, agregó.