•  |
  •  |
  • END

Qué difícil debe ser para cualquier ser humano, llegar a una cancha de fútbol y que todo el mundo, locales y foráneos, estén en tu contra con sólo el hecho de verte con el uniforme de árbitro. Hay personas que llegan a los estadios y se sienten con derecho de agredir verbalmente a cualquier tono a los árbitros, una acción repudiable sin importar razones.

Pero hay momentos que son inolvidables por la actuación de un uniformado, como ocurrió el domingo pasado en el “Efraín Tijerino” de Chinandega en el duelo entre el VCP y el Diriangén.

Desde el inicio del juego se notó la atenta marcación sobre el brasileño Jalleson “Karirí”, conocido por el técnico diriambino, Mauricio Cruz por su estadía hace más de un año en el campamento de los Tigres do Brasil con la Selección Nacional, previo a las eliminatorias mundialistas.

Tabares es veloz y hábil con el balón por eso era necesaria la persecución. Pero las acciones posteriores fueron mortales por cómo ocurrieron y cómo le restó importancia el central del partido, Alfredo Núñez.

El defensor del Diriangén Juan Carlos Narváez seguía a Karirí, quien tenía el balón cerca de los 16.50 por el lado izquierdo, y para evitar que se metiera a la zona de peligro se le fue con todo por detrás al brasileño, aplicándole una tijera que le prensó sin importar tocar o no el balón.

El carioca quedó en el suelo, y Núñez todavía llegó a advertirle que si se volvía a “tirar” le aplicaría una tarjeta amarrilla por querer engañarlo. Desde ese momento el brasileño ya no pudo caminar bien, y por si faltara poco, Narváez le repitió la jugada unos minutos más tarde.

Karirí salió en el propio primer tiempo porque no aguantaba la pierna derecha, “no sentía el pie por los golpes” y Narváez ni siquiera fue amonestado. El resultado de tal acción mandó al brasileño al hospital, donde le diagnosticaron tres fisuras en el peroné derecho y cuatro semanas fuera para recuperarse. El colmo es que las dos jugadas fueron en las narices de Núñez, quien de seguro ni siquiera recibirá alguna amonestación por su “trabajo”.

El asunto es que el también defensor del Diriangén, Donald Parrales ha fracturado un par de veces a Emilio Palacios, atentando contra la vida del jugador y el espectáculo en la cancha sin que los árbitros de turno hagan nada en su contra.