•  |
  •  |
  • END

dplay@ibw.com.ni
En mi libreta de apuntes para fijar los mejores golpes, los momentos cumbres y las situaciones difíciles en cada round, cerrando con mi impresión de lo visto, sobresalen tres preguntas que me hice en diferentes momentos durante un tramo final realmente angustioso: ¿Qué pasa?, ¿Qué estoy viendo?, ¿Qué se hizo “Chocolatito”?.

Yo no entendía, y supongo que ustedes tampoco. ¿Cómo puede un púgil perder su brillantez, justamente realizando su primera defensa frente a un “poco peligroso”?. Esa lentitud, la falta de poder, el empuje confiscado, la creatividad oculta, tenían su explicación, pero no había forma que captáramos el mensaje.

¿Cómo imaginar la tormenta que estaba estremeciendo internamente al campeón de las 105 libras, estrujando su corazón, haciendo que su alma sudara?.

Son las 11 y 30 de la noche del sábado en el comedor del Hotel Dorado. “Chocolatito” toma asiento frente al periodismo pinolero. Se observa bañado, con el rostro limpio, y la viveza de su mirada bastante restablecida. El infierno quedó atrás.

Casi comienza diciendo “fue un martirio”, pero prefirió apuntar: “Me siento feliz de haber podido sobrevivir frente a tantos problemas. Antes de salir del hotel estaba resfriado, los problemas estomacales provocaron diarrea y tenía ganas de vomitar. Lo hice antes de salir hacia el ring y naturalmente me sentía afectado, pero pelearía, y ganaría. Ese propósito hizo crecer mi corazón manteniéndome en pie de lucha”.

Lo quedo viendo hablar con serenidad, y me pregunto, ¿cómo fue posible eso?. El continúa: “Cuando vomité en el octavo round, me sentí un poco mejor porque sentía la necesidad de hacerlo y no podía, así como la de ir al baño constantemente. No se cómo me amarraba, pero lo lograba”.

¿Qué tan importante era Francisco Rosas, atravesando por esos problemas?. Lo increíble y admirable, es como “Chocolatito” fue capaz de sufrir tanto, y construir una victoria lentamente.

“En ningún momento pensé abandonar la pelea. Sólo muerto me sacarían del ring”. Esa es una mala decisión cuando se tiene 21 años y tanto futuro, lo interrumpo. “Puede ser, pero no iba a resignar un título que tanto me costó”.

Explicó que después de haber iniciado su recuperación alimenticia la tarde del pesaje, desayunó el día del combate huevos con frijoles, almorzó pescado, comió aguacate, arroz, y consumió mucho líquido, un proceso que lo llevó a 119 libras, y que asegura estar acostumbrado. Tan es así que su equipo de apoyo, lo consideró normal.

“Me afectó también que la hora de la pelea se adelantara y no tuviera tiempo para calentarme. Cuando terminó el combate, sólo tenía deseos de ir al baño. Me sentía agotado por tanto esfuerzo sujetando las ganas. En condiciones normales, lo noqueo”, dijo sintiéndose resucitado.

Casi saliendo de ruinas físicas, “Chocolatito” concretó con un alarde de voluntad y coraje, la posible más sufrida victoria de un púgil nicaragüense.