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Fin de juego, la luna se detiene y se emociona. Los Tigres se han coronado merecidamente triunfando 5-3. La multitud estaba demasiado ocupada gritando entre su delirio, entregándole su corazón a ese equipo que tanto se agigantó no solo durante estos últimos cinco juegos. En la otra acera, los Gigantes, disminuidos a casi nada, se sentían mal. El mánager Mesa creía tener un ancla en el estómago y una espina en el alma.

Nada que discutir. Ganó el mejor. Chinandega fue el equipo menos errático, el de pitcheo más efectivo, el más productivo, el que funcionó eficazmente. Rivas murió deshilachado. Errores de Ofilio Castro y Luis Allen,  jonrones consecutivos de Curt Smith –discutible- y Yurendel De Caster, y el firme cierre de Jorge Bucardo, los factores decisivos en la victoria por 5-3 que aseguró el banderín. Por supuesto, el reconocimiento a Everth Cabrera, tan útil como refuerzo, siempre humeante en el cajón de bateo, resucitado.

UN CERO DOLOROSO

El primer lamento sureño, casi desgarrador, se escuchó en el inicio del juego cuando Elmer Reyes fue ponchado por Marcos Frías con las bases cargadas y dos outs. El bateo oportuno ha sido una rareza para el Rivas, y Frías salió ileso frente a los hits de Campbell y Vásquez, y otro dentro del cuadro de Abercrombie. Esa inutilidad del Rivas para sacar provecho golpeó temprano las esperanzas del mánager Mesa. Un cero doloroso que podría tener un gran significado en el recuento final, como sucedió. 

En el segundo inning, un error de Ofilio Castro con dos circulando y un out, que pudo cerrar el cero del Chinandega, de realizarse un doble play, llenó las bases, y otro roletazo de Jimmy muy parecido, otra vez a Castro, mostró la lentitud del infield sureño, conformándose con un out en segunda y la anotación de Curt Smith, embasado por boleto como primer bateador del turno occidental, adelantando a los Tigres entre el júbilo de una multitud tan impresionante como la del domingo. 

DOS SEÑALES DE VIDA

El jonrón de Anderson Feliz por encima de la pared del jardín central, aunque solitario, equilibró la pizarra 1-1, pero no sacó de su adormecimiento el bateo de los Gigantes. Mientras tanto, otro error sureño, el del cátcher Allen, soltando una pelota casi atrapada sobre foul elevado de Yurendel, facilitó la segunda carrera de los Tigres. Hit de Marval estiró a De Caster a tercera y fly al centro de los bosques de Ricardo llevó al plato la segunda carrera de los Tigres, recuperando la ventaja, con el marcador 2-1.

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Lo intrigante fue puesto en fuga con el estallido de tres carreras de los rugidores, consecuencia de dos jonrones por el jardín derecho, el primero disparado por Curt Smith con Cabrera circulando, discutible, porque dio la impresión de rebotar en el filo de la cerca y elevarse hacia adentro del terreno, y el otro de Yurendel, ampliando la diferencia drásticamente 5-1, muy pesada después de cinco entradas y con suficiente pitcheo de soporte el timonel de los Tigres Lenin Picota. Entre la tormenta, Fidencio Flores reemplazó a Rosario, difícilmente una caricatura del estupendo tirador que fue visto en la temporada.

SILENCIO SUREÑO

Rivas envió una señal de vida sin salir de la sala de cuidados intensivos en el sexto inning. Con un out, hits seguidos de Abercrombie y Elmer Reyes, obligaron al retiro del abridor Frías, entrando a las brasas Samuel Gervasio, quien no pudo evitar el hit empujador del inadvertido Luis Allen. Un pequeño recorte 5-2, mejorado en el séptimo, 5-3, por el jonrón de Wuilliam Vásquez a las tribunas de la derecha, expulsando a Gervasio. El derecho Jorge Bucardo sacó el último out.

No hubo más. Nada que contar ni recordar en los ceros de los innings 8 y 9. Cayó el telón y los Tigres seguían rugiendo y corriendo, como si defendieran con uñas y dientes el banderín conquistado.