Edgard Tijerino
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Parafraseando a García Márquez en su Otoño del Patriarca, durante casi una semana en Oaxaca, los gallinazos se metieron al Hotel Dorado, destrozaron a picotazos las ventanas de la habitación del “Chocolatito”, estuvieron deshilachando sus posibilidades y carcomieron sus portentosas habilidades.

En la Conferencia de Prensa ofrecida por el muchacho, saliendo del oleaje de dificultades, se responsabilizó de casi todo lo que afectó sus condiciones físicas. Un momento amigos, ¿acaso estaba solo?. Su equipo de apoyo, tiene que someter a revisión sus atribuciones. Cuando se tiene una joya, hay que saberla cuidar. Ninguna medida cautelar puede ser calificada como extrema.

Tengo una buena impresión como personas, tanto de Fernando Sánchez como de Carlos Pilatos, y puedo agregar el esfuerzo de Alexander Marín y Gustavo Herrera, pero que no se haya procedido con prontitud y precisión, frente al reclamo de atención de cada movimiento, cada bocado, cada minuto de sueño, y la necesidad de asistencia inmediata del púgil, tiene que ser considerado como una falla.

Puede que falle algo de última hora, como ocurrió con mi computadora, pero no por falta de chequeo a tiempo, comprobación de su funcionamiento y suficiente carga. Me niego a creer que tantas complicaciones previas hayan escapado a la percepción de todos. Y también rechazo que Herrera haya tardado ocho asaltos en descubrir que “Chocolatito” estaba siendo “otro” por incomodidades que debían ser de su dominio.

Lo más tonto que se dijo en la Conferencia, fue que el peleador por evitar alarmar a los otros, se quedó callado. Admitamos eso si se quiere, haciéndonos los tontos, pero ¿y las señales?. Frente a todo lo ocurrido, era fácil percatarse sin necesidad de ser Sherlock Holmes. Pueden preguntarle sobre eso al Dr. Watson.

Ahora, si todos se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo ¿qué es lo que hicieron?. Está bien que hayan mantenido la información al margen del periodismo, pero no dijeron nada de eso durante la Conferencia y esquivaron las preguntas alrededor de las responsabilidades compartidas, o de una probable e inexplicable desconexión.

En lugar de hacer viajar a Román de regreso a Nicaragua, obligándolo a dormir muy poco para estar en la madrugada en el aeropuerto, yo lo hubiera mantenido en Oaxaca sometiéndolo a un chequeo médico general para tener un diagnóstico certero, y permitirle descansar lo mínimamente necesario. Esa es parte de la inversión que se debe hacer con “una joya” en pulimento.

¿Por qué hacerlo atravesar casi 24 horas más cambiando de vuelos y batallando con el sueño, mientras su estómago busca el restablecimiento, lo mismo que el resfrío y el agotamiento?.

Ellos son buenas personas tratando de ser buenos manejadores.