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Después de estos cinco juegos y de la coronación de los Tigres perdiendo solo uno, no quiero escuchar ruidos en el campamento de los frustrados Gigantes acerca de malos fallos, de oportunidades perdidas, de falta de suerte, de lo que pudo haber sido y no fue, del hueco dejado por Obregón lesionado, de la invisibilidad de Britton o de la tardanza por sacar un pitcher. Todo eso es útil para involucrarse en entretenidos debates, pero vista la final desde cualquier butaca Rivas no tiene excusas. Perdió porque fue inferior al revés y al derecho, de la cabeza a los pies. Los Gigantes se empequeñecieron frente a las exigencias de cada juego. Incluso estuvieron cerca de no poder ganar el tercero. Sus culpas los condenaron a un fracaso en la serie final, casi tan estrepitoso como el de Napoleón en Moscú, pero el mayor culpable del fracaso sureño es el equipo de Chinandega, acertadamente manejado por Lenín Picota, funcional en todos los aspectos, consecuencia de la colocación de las piezas de su engranaje en el lugar correcto.

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TOMAR A EVERTH, CLAVE

Chinandega asestó el primer golpe, directo a la mandíbula del Rivas, desde antes de cantarse el play ball, cuando tomó a Everth Cabrera como su primer refuerzo. Horas antes, comentamos en Doble Play, que esa escogencia dejaría a los Gigantes heridos por la pérdida de Obregón, sin un short stop simplificador de problemas, con un infield necesitado de mayor rapidez para resolver. Pese a la brillantez del fildeo de Everth como paracorto en varios pasajes de la semifinal, colocando a un lado sus errores sobre batazos sencillos, aún siendo incidentes, Chinandega no pensaba mover a Jesús López de la posición más exigente en el cuadro interior y decidió usar a Cabrera, de bate agitado, como segunda base.

Al mánager Mesa no lo convenció Elmer Reyes en el primer juego y sacó a Ofilio de la antesala para instalarlo en el short durante el resto de la serie, aún estando claro de su falta de rapidez en movimientos y elasticidad muscular. Rivas cometió un total de 9 de errores, la mayoría costosos, por solo dos del Chinandega, y su frecuencia de doble plays, sobre todo en situaciones de enderezamiento, fue inferior. La diferencia de efectividad en el funcionamiento defensivo tuvo un gran significado, en una serie con poca iluminación en los bosques y falta de brazos. Se apostó mucho a los disparos desviados y el atrevimiento se encontró con la luz verde siempre encendida.

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MORA, EL MEJOR ABRIDOR

Solo una vez, Carlos Teller en el cuarto juego —6 y un tercio—, un abridor sureño caminó más largo que el de los Tigres, aunque con menos dominio que Mainor Mora en seis entradas, un out menos. Cuando se utilizaron los relevistas, los dos Bucardo fueron superiores: Jorge, sin permitir hit a 18 bateadores oficiales que enfrentó, y Wilbert con tres salvamentos. Fidencio Flores respondió por Rivas y Aristill en cierta forma, aunque mostrando peligrosas intermitencias. Mejor manejo de un pitcheo más enérgico por parte de Lenín Picota, incluyendo la sorprendente decisión de utilizar a Mora como abridor en un juego de desenlace trascendental como lo era el cuarto. Semejante riesgo fue un gran acierto.  

Cabrera, pisando el acelerador en su urgente recuperación de facultades, no fue exigido defensivamente en segunda, pero garantizaba una mayor velocidad de ejecución del infield occidental, otro de los factores desequilibrantes en la serie, y sobre todo, se convirtió en el bateador más volátil disparando 9 hits, entre ellos uno de los 13 jonrones que estremecieron al público, el primero de la serie, en el propio primer inning del primer juego, como si hubiera estado escrito. Everth compartió con Jorge y Wilbert Bucardo la distinción de Más Valioso, ocultando el aporte ofrecido por Donel Linares, funcionando como refuerzo de los Gigantes, quien conectó tres jonrones.

LA LÓGICA, ILESA

Cuando las cifras ofensivas, de pitcheo y de defensa de un equipo superan las del otro, no se necesita de mayor explicación, ni se permiten excusas. Es la resultante lógica, así la lógica sea constantemente atropellada en el beisbol. Ni siquiera se puede decir que jugar la semifinal provocó desgaste en el Rivas, porque ningún pitcher sureño estaba lo mínimamente excedido en uso y saltar a la final facilitaba una continuidad que podría ser beneficiosa.

Finalmente los factores. Juego 1: cañoneo de 18 imparables, incluyendo par de jonrones, facilitó a los Tigres doblegar a los Gigantes 9-6… Juego 2: un fiero duelo de los bullpens mantuvo firme durante los últimos siete turnos al bate la ventaja del Chinandega 6-5, adelantándose 2-0 en la serie… Juego 3: el relevo de Fidencio y los jonrones de Linares y Feliz levantan al Rivas, que se impone 6-5, enviando una señal de vida… Juego 4: el asombroso pitcheo de Mainor Mora y los relevos aprietatuercas de Jorge y Wilbert Bucardo le dan forma a la tercera victoria de los Tigres 3-1, dejando al Rivas a la orilla de la fosa… Juego 5: dos errores abren puertas para dos carreras sucias y el Chinandega agregó jonrones de Smith y De Caster, asegurando triunfo por 5-3 y su tercera coronación.

No hablemos más de causas y efectos. Chinandega lo mereció.