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Para quienes crecimos como fanáticos escuchando ansiosamente las narraciones de los juegos de beisbol, una noticia demasiado atroz para ser creída, fue la muerte de Sucre Frech aquel 28 de enero de 1991, hace 26 años. Aunque el tiempo pasa y los recuerdos tienden a desvanecerse, en el caso de Sucre Frech, no han sido empujados hacia la montaña del olvido. El recuerdo de Sucre, entre los que quedamos de sus legiones de seguidores, permanece latiendo, como si no se hubiera ido, como si estuviera todavía agitando nuestra pasión por el deporte generador de la mayor incertidumbre.

Era fácil apreciarlo y admirarlo, porque con sus transmisiones, dejaba muy poco para la imaginación, pese al poder que esta tiene. Fue un maestro de la descripción, y su voz atrapaba a un país. Casi, casi, un símbolo de nuestro beisbol. ¿Cómo emocionaba levantándonos de las butacas, metiéndonos dentro de sus cálculos, conversando con nosotros como si estuviéramos sentados a la orilla. Sucre nos entregaba lo que el juego pretendía ser, entretenido y crispante.

EL MANEJO DEL SUSPENSO

Throneberry al bate. “Peligro inminente”, decía Sucre, mientras viajábamos a bordo de un tren bala masticando uñas. Y después del swing, mientras la bola viajaba, su famoso “¡Te fuistes Marcelino!”. Dick Scott en el montículo con las bases llenas y dos outs escudriñando las señas del catcher. “Momento de máxima expectación amigos. Aquí viene hacia el plato” decía Sucre, y todos queríamos meternos en los aparatos abrazados a la incertidumbre.

Rafael “El Dinámico” Rubí, un extraordinario narrador cubano que se quedó a vivir entre nosotros, tenía mas conocimientos que cualquiera y era más creativo, Armando Provedor más punzante, Evelio Areas más agitado, José Castillo más cuidadoso del idioma, el Fat García interesado en la precisión, René Cárdenas más experimentado y armonioso, pero Sucre era el locutor “global”.

EXPERTO EN CONECTARSE

Lo tenía de todo y todo lo hacia bien. Además, como trabajó mucho en actuación teatral, supo sacar provecho de esa habilidad cultivada. Su “¡Alexis, muchacho loco, me vas a matar!”, tenía mucho de eso. Logró, sin haber estudiado comunicación, establecer una consistente y lo necesariamente emotiva conexión con el oyente. Por eso, nunca necesitó de encuestas y siempre se impuso a cualquier competidor, neutralizando todos los retos que vinieron desde afuera.

Hombre de familia, con temor a los problemas, muy económico pese a los grandes salarios que consiguió en Estación Equis y ABC Radio, enemigo de la cebolla y de los amigos que trataban de hacer swing en su bolsillo, respetuoso, lo suficientemente culto, buen receptor de bromas y poco dado a hacerlas, eso fue Sucre.

¿Vas a aceptar la propuesta de Doña Violeta para dirigir el deporte nacional?, le pregunté mientras cenábamos en un restaurante antes de sentarse en la butaca del IND, y me respondió: ¡Claro!. ¡Como voy a dejar pasar la oportunidad de ser Ministro!. Es lo único que me falta. Y aquel 28 de enero de 1991, murió siendo Ministro.