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Chequeen por favor si los nervios han regresado a la calma, o siguen deshilachados. Los entiendo, yo también me estoy preguntando frente al televisor ¿quién ganó la final del abierto de Australia?, primer Slam del año, disputada por Roger Federer y Rafael Nadal. Y es que entre el humo producido por la balacera, y la tercera solicitud de revisión sobre la legitimidad de un punto en los últimos instantes, no se podía tener una visión clara de los pistoleros. La intriga: ¿Quién había quedado en pie entre Johnny Ringo y Doc Holliday?, nos aguijoneaba. Ah, finalmente fue visto Federer, ajustando su cinturón luego de sobrevivir más que imponerse 6-4, 3-6, 6-1, 3-6 y 6-3, con Nadal arañando la posibilidad del 5-4, batallando con el alma. Eso explica por qué el suspenso se resistía a salir de la cancha teñida de azul.

La sorprendente final entre resucitados por el primer título de Grand Slam este año, ofreció un partido tenso, ganado por el excepcional Federer por una nariz, es decir, mostrando apenas un centímetro más de clase y bravura que Nadal. Nadie se percató de las señales de declive que se producen después de haber atravesado por afectaciones de salud, retiros forzados y restauraciones, una combinación de adversidades que carcome facultades, por la forma en que ellos se entregaron a una lucha de inicio acelerado, que necesitó calmarse para entrar en la fase de astucia y fortaleza, que equilibró posibilidades cabalgando sobre lo intrigante.

AFP

Así fue el duelo 

Cómo puso presión Federer apretando a Nadal en ese primer set ganado 6-4, pero inmediata la reacción del español obligando al suizo a batallar desde el fondo y buscar cómo trazar diagonales que el formidable alcance del español, le permitía interceptarlas y contragolpear eficazmente, edificando ese 6-3 equilibrador. El tercer set es engañoso. Más allá del 6-1 que se apuntó Federer, dando la impresión de inclinar de su lado la batalla, Nadal supo pelear y alargar cada punto, lo que explica la duración de 40 minutos en ese trayecto. Una vez más, Nadal desde el fondo, exhibiendo potencia y utilizando golpes rectos, sacó provecho de fallas cometidas por Federer con su revés para imponerse 6-3 y volver a nivelar, obligando a la máxima extensión.

Ver a Nadal adelantarse 2-0 abriendo con un quiebre el set decisivo, hizo pensar que los minutos de Federer estaban contados y que la posibilidad de su 18 Slam, volvería a esfumarse, quizás para no volver a presentarse. Federer ganó su servicio enviando una urgente y necesaria señal de vida 1-2, y Nadal respondió agrandando 3-1 su ventaja, sin poder evitar el acercamiento de Roger 2-3. En ese momento clave, Federer quebró el servicio de Nadal con la multitud de 15 mil personas en pie, nivelando 3-3, y prevaleciendo de inmediato sobre un aturdido rival, adelantándose 4-3. El quiebre siguiente fue mortal para el español. Ese 5-3 fortalecía la confianza de Roger y aunque Rafa intentó salir de las cenizas, no pudo, tirando la toalla entre tres bolas dudosas, incluyendo la última que retardó el estallido de júbilo del suizo.

Desde el 2012, Federer no lograba un Grand Slam, y saliendo de un retiro de seis meses, no se le otorgaban posibilidades en Australia, pero frente a Nadal, otro resucitado entre dificultades, ofreció una batalla emotiva, bien jugada, revitalizante, logrando imponerse 3-2. Impresionó ver cómo ambos sacaron juventud de su pasado, actualizándose bruscamente.