•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

No hubo milagro en el coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico. El nicaragüense Oliver Flores cayó por decisión unánime (99-91 96-94 98-92) ante el considerado futura estrella del boxeo boricua Félix “El Diamante” Verdejo. La conclusión del libreto resultó ser la que todos pronosticaban, no así su desarrollo. Para muchos, el nica era candidato indiscutible al nocaut, pero no sucedió así, el leonés se fajó ante un Verdejo de identidad desconocida y al que metió en serias complicaciones en los últimos tres episodios.

El combate careció del tono de agresividad necesario para hacer que el público se levantara de sus asientos, ni Flores ni Verdejo mostraron un empuje que metiera en zona de peligro al contrario. Desde el inicio el combate fue tan pasivo que se aproximó al aburrimiento. El primer asalto fue como lo indica la teoría: round de estudio. Ambos púgiles apostaron por usar de forma constante el jab, el nica lo hacía con su mano derecha y el puertorriqueño lo hacía con la izquierda. En el cierre, un fugaz intercambio de golpes, fue lo más emocionante del round, en el que Flores, abriéndose camino con el jab, procuró en reiteradas ocasiones aterrizar con su mano izquierda al rostro de Verdejo.

Durante los primeros siete rounds, el guion del combate fue repetitivo, no hubo factor sorpresa. Flores mantuvo esa ofensiva limitada que comenzaba con el jab y terminaba con un recto de izquierda, golpe que, si bien es cierto llegó al rostro de Verdejo en más de un intento, careció de la contundencia necesaria para desestabilizar al boricua.

No se intimidó

En ningún momento y por ninguna razón el leonés Flores se acobardó. Con todo en contra, el nicaragüense se mantuvo en el centro del cuadrilátero, girando sobre un mismo eje, procurando que Verdejo, que bailaba alrededor de él, no se le escapara. Nunca fue hacia atrás, siempre estuvo fajado ante el rival, al que no le cayó nada bien el enfrentarse a un boxeador de guardia zurda.

A Flores le faltó agresividad y consistencia. No fue cobarde, pero careció de una propuesta de ataque más abrumadora, al menos durante los primeros siete episodios, cuando aparentemente no se daba cuenta que la victoria le estaba haciendo señas de adiós y que ante eso Verdejo podía hacer un mejor trabajo.

Reaccionó y presionó

En el octavo, como si en la esquina se hubiera despojado del viejo hombre carente de agresividad, Flores apareció decidido a estremecer a Puerto Rico y usando con efectividad y constancia su mano izquierda metió en un torbellino de complicaciones al boricua, que aturdido, pareció estar próximo a la caída. Ese mismo ritmo Oliver lo mantuvo hasta  el décimo y último episodio, logrando que el rostro de Verdejo sangrara y eso provocara pánico en Puerto Rico. Lastimosamente, ese brillante empuje de los últimos tres rounds, no fue suficiente para que Flores lograra superar los puntos, que sin ser sorprendente, Verdejo había acumulado. No hubo milagro, pero sí una gran presentación de Oliver Flores.