Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni

¡Qué mala costumbre la nuestra! Tratando de corregir un error, cometemos otro, como si dos bolas malas hicieran una buena. No, no es así. Como dice Sweig en su libro Confusión de Sentimientos, un error te obliga a detenerte, analizar y enderezar el rumbo, no a seguir perdido como si estuviéramos vendados jugando frontón. Exactamente eso es lo que se está haciendo.

Se anunció que “Chocolatito” regresaría al gimnasio hoy para comenzar su adiestramiento con miras a una próxima pelea, todavía sin rival y sin fecha, como si hubiera triunfado en el primer asalto sin mayor esfuerzo físico y sin atravesar por problemas para entrar en el peso.

¿Qué es eso? Si se tratara de estudios intentando revertir ser aplazado en una asignatura, estaría de acuerdo, porque se trata de aprendizaje y dominio, pero cuando venís de un brutal desgaste físico, aunque tengás 21 años, necesitás recuperación. Estando todo tan claro, ¿por qué precipitarlo?
Por favor, empujarlo al gimnasio tan pronto va a retardar su recuperación. No soy médico, pero tengo 66 años y mucho sentido común. Si “Chocolatito” fuera hijo mío, como lo expresé en Doble Play, no pertmitiría eso.

Es un buen momento para que el muchacho descanse, pueda comer tranquilamente con control, aproveche para distraerse, disfrute de su Mercedes Benz, mire su futuro, y después de tomarse el tiempo conveniente, una o dos semanas sometido a chequeos médicos para revisar su revitalización, regrese a la trinchera con las baterías cargadas.

Se va a meter al gimnasio para que nosotros, críticos incurables sin reparar en los defectos que nos carcomen, nos sintamos satisfechos, o con la intención de convencernos de que ahora se someterá a una estricta disciplina. No, lo primero, esencial y urgente es su restablecimiento.

Quienes lo vimos antes de la pelea con esa palidez preocupante, durante el combate con lo mejor de su accionar engavetado, y sobre todo, después con los estragos de una diarrea sujetada dramáticamente durante doce asaltos, que fueron como doce estaciones de un largo calvario, y que conocimos de sus vómitos, tenemos que considerar inhumano que entrene hoy, o mañana, o esta semana.

No se sabe si la próxima pelea será en tres o en seis meses, así que vuelvo a la pregunta: ¿por qué precipitar al muchacho innecesariamente? Hacerlo, sólo colocaría sobre el tapete el amateurismo de sus manejadores. Por lo que hemos visto, ellos también necesitan madurar junto con él.

¿Las críticas? Escúchenlas y traten de sacarle provecho a las que tengan sentido, pero descarten las impertinentes. Esa selección es importante. Aquí, todos queremos legislar sobre los otros sin mirarnos en nuestros espejos. Somos los perfeccionistas cuestionando, pero no actuando. Comenzando por el Presidente.