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La victoria azulgrana por 2-1 en el Calderón sobre el Atlético de Madrid hace unos días estableció la diferencia, pero no impidió ver en la revancha 1-1 un partido rompecabezas, acelera-corazones, danzando siempre en la cuerda floja, aunque no bien jugado, pese al derroche de bravura que siempre ofrece la tropa de Simeone, capaz de oscurecer la destreza del equipo que maneja Luis Enrique. Los goles, de Suárez a los 42 estimulando al Barsa cortado en sus proyecciones pese al dominio de balón,  y de Gameiro a los 82, cuando el rancho catalán estaba envuelto en llamas frente a la presión aplicada con botín de hierro por el Atlético.

Eso sí, las irregularidades contribuyeron a las emociones. El Barsa terminó con nueve hombres y el Atlético con diez. Dos equipos que fueron amputados en el segundo tiempo protagonizaron una batalla precipitada a equivocaciones por el nerviosismo imperante en medio de una inseguridad agobiante. Con el empate 1-1, agotándose las reservas de oxígeno en sus pulmones, el equipo azulgrana, acorralado, resistió embestidas y avanzó a la final de la Copa del Rey contra el sobreviviente de hoy entre el Celta y el Alavés. La multitud, asustada, salió sudando del Camp Nou alrededor del marcador global 3-2, que espantó la posibilidad de ir a tiempo extra y, quizás, a los penales.

¡CÓMO PRESIONÓ EL ATLÉTICO!

El inicio del juego fue terriblemente preocupante para el Barsa. No quedó duda sobre la determinación del Atlético de apretar al equipo de Messi, cuando fabricó con rapidez tres oportunidades de gol, exigiendo al arquero Cillesen. Los de Simeone, en una continuación del cierre de juego en el Calderón, hicieron una propuesta audaz y Barsa dio la impresión de no tener respuesta. Se necesitan hombres del ejército de Aníbal para reforzar a Piqué y Umtiti. Las pérdidas consecutivas de Gaitán y Godin por problemas musculares, obligando a reemplazos, no debilitaron al fiero Atlético, que aún sin el balón trataba de cerrar todas las salidas y pelear todos los balones. La garra frente a la geometría.

Antes del descanso, el gol de Suárez. Una de esas maniobras típicas de Messi desarticulando defensas con un desplazamiento horizontal, hasta conseguir posición de tiro para el latigazo zurdo que rechazó Moyá en estirada y tomó Suárez, ejecutando un remate preciso a portón abierto. El Atlético no cedió y con la expulsión de Sergi Roberto a los 56 incrementó su atrevimiento, forzando el retroceso de Messi, difícilmente conectado. Sorprendentemente, la expulsión de Carrasco a los 68 equilibró la cantidad de soldados y fue doloroso que le anularan un gol legítimo a Griezmann, falla arbitral de mayúscula trascendencia que apuñaló al Atlético. 

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ANGUSTIOSO CIERRE

Como si fuera un equipo de Esparta, el Atlético siguió presionando hasta lograr el empate en el minuto 82 capitalizando un mal despeje de Piqué habilitando a Griezmann, atrás por la izquierda, facilitando la entrega de este a Gameiro –quien había fallado un penal– para un cómodo empuje de balón hasta las redes de Cillesen estableciendo el 1-1. Con las brasas saltando como palomitas de maíz, friéndose en la zona azulgrana, la tarjeta roja a Luis Suárez en el minuto 89, con 6 pendientes al ser agregados 5 de reposición, prudentemente, aproximó al Barsa al pánico. Una proyección de Messi fue cortada con una falta y en la reanudación de acciones sonó el silbato, quedando el sonido del un viento siniestro cortando ramas de los árboles en las vecindades del Camp Nou. Acorralado, se salvó el Barsa.

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