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Don Larsen, un pícher del montón como se decía en tiempos de mi abuelo, se inmortalizó sin necesidad de golpear las puertas de Cooperstown, lanzando el único juego sin hit ni carrera en más de un siglo de Series Mundiales. Como todos saben, pero bien vale la pena repetirlo, ese picheo que fue perfecto, ocurrió en 1956, hace 60 años, porque la temporada del 2017 aún no despega. Qué casualidad que también en Series del Caribe, solo se registra un no hitter, confeccionado por Thomas Fine en 1952 en el Estadio Olímpico de Panamá.

La Serie del Caribe del 2017 que vio coronarse al Caguas de Puerto Rico, cerró con dos estupendas demostraciones de picheo: Cuba blanqueando a México 4-0 con una faena de 26 outs realizada por Vladimir Baños; México ajustando cuentas al eliminar a Cuba 1-0 con un trabajo monticular de tres brazos, sin permitir hits en las últimas ocho entradas; y Puerto Rico doblegando a México 1-0 en el duelo cumbre con el título en disputa. Desde el 2002, cuando Rodrigo López desde la colina de Culiacán, apretó el cuello de los bateadores de Bayamón, enmudeciéndolos 3-0, no se produce otro blanqueo en este torneo. Vladimir Baños, quedó a solo un out.

LA INSPIRACIÓN DE FINE

Mirando hacia atrás, el derecho norteamericano de 38 años, Thomas Fine, había fracasado intentando establecerse como pícher de Grandes Ligas. Solo pudo ganar un juego en 1947 trabajando para los Medias Rojas de Boston, no estuvo en acción por dos temporadas consecutivas y regresó en 1950, “quemando” unos pocos cartuchos con los Carmelitas de San Luis. No se volvieron a fijar en él.

Era un pícher sin biografía cuando subió a la colina de los Leones del Habana aquel 21 de febrero de 1952 para enfrentar al Cervecería Caracas de Venezuela, que envió a la trinchera al también derecho Al Papai,  un tirador de nudillos que había estado con los Cardenales y Carmelitas de San Luis, además de los Medias Rojas de Boston, ganando 9 y perdiendo 14 a lo largo de tres campañas. A Fine le decían “El potro salvaje” y fue seleccionado por el Habana como un refuerzo facilitado por los Tigres de Marianao. De igual manera, Papai era un apoyo extra conseguido por el Cervecería para fortalecer su rotación.

Fue un grandioso duelo que terminó 1-0, durante el cual Fine sujetó herméticamente a la escuadra venezolana encabezada por Alfonso Carrasquel, el primer latino en un Juego de Estrellas de Grandes Ligas. La única carrera se fabricó en el cierre del sexto. El propio Fine conectó hit al left fielder y avanzó a segunda por sacrificio de Alejandro Crespo. Un roletazo de Johnny Jorgenses, le permitió a Fine desplazarse a tercera, anotando por hit de Edmundo Amorós. No fue necesario algo más. Desde entonces, Fine ha quedado en la historia de las Series de Caribe como única referencia de la excelencia en el picheo.

CASI REPITE PROEZA

Cuatro días después, el 25 de febrero contra el Carta Vieja de Panamá, en la última fecha de esa Serie, Fine estuvo sobre las huellas de Johnny Van Der Meer acercándose a la posibilidad de un segundo no hitter consecutivo. En el cierre del noveno, con la pizarra 11-0 a favor de la tropa cubana dirigida por Mike González y que reunía a Lou Klein, Pedro Formental, Andrés Fleitas, “Bicho” Pedrozo, “El Chino” Hidalgo, Amorós y Jorgensen, el picheo de Fine se agrietó súbitamente y con tres cohetes, los canaleros le anotaron tres veces.

Hay tres datos adicionales de singular importancia en materia de picheo durante estas Series: Camilo Pascual nunca fue derrotado y registró un balance de 6-0; Agapito Mayor, también cubano, es el único ganador de tres juegos en la misma Serie; el zurdo boricua Juan Pizarro, quien llegó a ganar 19 juegos para los Medias Blancas en 1964, ponchó a 17 en un juego de 9 entradas, lanzando por Caguas contra el Carta Vieja de Panamá en 1958.