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A sus 34 años de edad, Wilmer Hernández tendrá la primera exigencia seria en su corta carrera como adiestrador el próximo 18 de marzo en el Madison Square Garden, de Nueva York, asumiendo la esquina del cuatro veces campeón mundial, Román “Chocolatito” González. A Wilmer se le podría considerar un novato para tener semejante responsabilidad, apenas es 4 años mayor que el mejor boxeador del mundo y su experiencia es corta.

Pero el camino hacia el máximo nivel en cualquier ámbito de la vida, ya sea como pugilista o entrenador, debe comenzar en algún momento, sin quizás contar con la experiencia suficiente. A Wilmer la fortuna le tocó en una situación muy complicada. Sustituyó a Arnulfo Obando, quien murió a finales del 2016. El tetracampeón nunca viró sus ojos al extranjero, tampoco pensó demasiado para elegir al sucesor de su anterior entrenador. Se dio cuenta que no era necesario un terremoto en el equipo de trabajo, decidiéndose por quien fungía como su preparador físico.

Wilmer y Román se conocen desde que pertenecían al selecto grupo de muchachos que manejaba el legendario Alexis Argüello, cuando eran prospectos. La empatía entre ambos es absoluta, pero Hernández se ganó la confianza del tetracampeón por las muestras de compromiso, entrega, y sobre todo, disciplina en cada uno de los campamentos. Wilmer siempre estuvo allí como un supuesto “preparador”, pero su trabajo trascendía más allá, prácticamente era un segundo entrenador, solamente le faltaba dirigir la esquina. 

Es normal que el torbellino de dudas, cuestionamientos, sugerencias y opiniones surjan respecto a Hernández. Si la prensa deportiva se pregunta qué ofrecerá Wilmer en la esquina de Román, imagínense lo que puedan cuestionar los fanáticos, acostumbrados a sumergirse en constantes debates, la mayoría interminables. 

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Decía hace tres años el reconocido entrenador mexicano, Ignacio “Nacho” Beristáin, que si en algún momento tenía la oportunidad de enseñarle algo a Román, realmente sería muy poco. “Es un superpeleador, pero pierde fondo físico después del sexto asalto”, explicaba el azteca. Valorando las palabras de tan experimentada figura del boxeo, ¿realmente es lógico esperar cambios significativos en Román? Hay cuatro factores que deben ponerse en el tapete de las discusiones: la técnica, defensiva, estrategia y disciplina. En esos aspectos, ¿Qué tanto puede ayudar Wilmer a mejorarlos? ¿Mostrará algo nuevo Román, cuando estamos acostumbrados a verlo siempre agigantado? ¿Puede ser aún mejor el tetracampeón si muchos consideran que casi es un boxeador perfecto? Cada punto debe ser analizado con su debido argumento.

Técnica 

Román es arte en movimiento y una sinfonía de combinaciones. Técnicamente es uno de los peleadores más completos del mundo, su cuerpo tiene un balance perfecto en el ring, es dueño de un gancho de izquierda mortífero y una derecha tumba muros. En ese aspecto, prácticamente hay poco o nada que mejorarle al muchacho del barrio La Esperanza. Quizás le falta un poco de malicia, pero es difícil encontrar eso en González, es un peleador sumamente pulcro, íntegro y espectacular cuando desarrolla su arsenal ofensivo. 

¿Qué le falta entonces a Román? Un poco más de poder, no es un pugilista capaz de noquear de un solo golpe, su éxito se basa en el estilo abrumador que posee, acosando a sus rivales, hasta noquearlos. “Le metimos mucho trabajo de fuerza, está pegando un poco más duro. Los sparrings me han dicho que sienten la fortaleza de Román”, explica Hernández sobre el trabajo que está realizando en el campamento de Santa Ana, Costa Rica. 

Defensa

Muchos estarán de acuerdo en que el boxeo es un deporte planificado para recibir castigo. Sin embargo, hay una diferencia entre ser golpeado por los constantes intercambios y ser lacerado por no usar movimientos de cintura, pasando la mayor cantidad de disparos posibles que eviten más castigo de lo debido. 

¿Cuántos recuerdan la cintura elástica de Julio César Chávez pasando golpes con maestría? A Chávez en reiteradas ocasiones se le vio severamente lacerado, pero eso se debía a la calidad monstruosa de rivales que tenía enfrente. Aún recibiendo muchos golpes, la leyenda mexicana mostraba su sabiduría defensiva y un contragolpeo brutal. 

No se trata de quitarle mérito al mexicano Carlos Cuadras, sin embargo, las laceraciones del rostro que sufrió Román en su último combate, se debió en gran parte a algunas grietas defensivas. “Hemos usado mucha cuerdas, movimientos de cinturas, estamos insistiendo que pase golpes. Voy a buscar a un muchacho que le tire muchos golpes, que no esté muy pesado para trabajar más esa área”, explica Wilmer, consciente de que necesitan hacer ajustes.

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Estrategia 

Es el área en la que Wilmer tiene menos experiencia. Con más de 20 peleas de título mundial en su currículo, Arnulfo Obando era un factor de seguridad. Y no hay duda que como dirigente de esquina, Obando era el mejor en Nicaragua y uno de los mejores en Latinoamérica. ¿Cuántas veces Román salió a flote en sus peleas por un cambio de señas de Arnulfo? Muchas y Román lo reconocía públicamente, finalizada sus peleas.  La única experiencia de Wilmer como cabecilla en una pelea de título mundial, fue el año pasado, dirigiendo al chinandegano Keyvin Lara, quien perdió contra el japonés Kazuto Ioka. Obviamente eso no es parámetro para medir la calidad de Hernández. Pero ¿Qué tanto puede aprender un preparador, estando de escolta de un entrenador como Arnulfo? ¿Sabrá Wilmer aplicar variantes en momentos de complicaciones? Lo sabremos después de la pelea del 18 de marzo. “Presionado no me siento, en una esquina no me va a dar nervios. El trabajo se está haciendo, estoy poniendo mi empeño para que Román se vea mejor”, confía Hernández. 

Disciplina

Cuando se tiene a mano un peleador como Román, la disciplina se convierte en algo fácil de manejar. Lo supo Arnulfo, ahora lo sabe Wilmer. Ser cuatro veces campeón del mundo no ha provocado que González sufra una desestabilización emocional, su humildad en el gimnasio sigue siendo la misma. 

Habrá algunos momentos en que Román necesite pequeños llamados de atención, pero nada fuera de lo normal. En ese sentido, si en algún momento, el campeón mostrara algún acto de indisciplina, se puede confiar en que Wilmer tomará las medidas necesarias para corregir, y de no conseguirlo se apartará del equipo. A pesar de su juventud, Hernández es una persona con carácter y liderazgo.

“Román es un muchacho disciplinado, hace caso. Un día de estos le dije que no saldría a correr, le orienté que se metiera a la piscina una hora y obedece sin cuestionar. Es fácil trabajar con un peleador así, todos conocemos su compromiso”, cuenta Wilmer.

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