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¿Qué es lo que hemos estado viendo de este Barcelona modelo 2017, constantemente saliéndose de aquellos rieles que colocaron Cruyff, Rijkaard y Guardiola, y que ahora trata de controlar Luis Enrique? Un equipo extraño, impredecible de un partido a otro, de un tiempo a otro, de un instante a otro. Pese al asombroso talento de Messi, la incidencia de Iniesta, la firmeza de bulldog que caracteriza al restaurado Busquets y el olfato de ese depredador en el área que es Luis Suárez, el Barsa, con las intermitencias de Neymar, súbitamente se ve desarticulado, incluso huérfano de ideas como fue visto ante el Atlético de Madrid, expuesto a múltiples riesgos, rebotando contra la pared de la inutilidad, dependiendo de raptos de inspiración, a veces divinos y seductores. Ya no es el equipo de la brillantez asegurada, o no lo está siendo en estos momentos.

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Hoy, el Barcelona se enfrenta al Alavés, su rival en la final de la Copa del Rey. Se supone que el equipo número 11 en la tabla de posiciones, aunque viene de eliminar al Celta, victimario del Real Madrid, no debería de ser una preocupación para la tropa azulgrana, pero lo es, primero por el momento de obvia inestabilidad que atraviesa el Barcelona y segundo, porque en los inicios de la Liga derrotó al Barsa en el propio Camp Nou, haciendo sonar las alarmas sobre el futuro inmediato, y tercero, que como agregado a esa pérdida de respeto, el equipo de Luis Enrique llegará a Vitoria sin Mascherano y Rafinha lesionados, sin Piqué con sobrecarga y sin Arda Turan con problemas. Considerando que Iniesta y Busquets no pueden ser exigidos al máximo, el peligro es obvio.

El Alavés es capaz de ejercer presión como lo hizo en largos trayectos del primer duelo. Dispone de hombres para hacerlo como Ibai Gómez, Deyverson, Marcos Llorente, Edgar Méndez, autor del estupendo gol contra el Celta, y Manu García. Con cierta discreción, Mauricio Pellegrino, el adiestrador del Alavés, dice que para derrotar al Barsa es necesario alinear los planetas, sin embargo, quien está durmiendo con su barba en remojo es Luis Enrique, una derrota, o la pérdida de dos puntos con un empate, lo dejaría en una situación terriblemente incómoda. Para el equipo catalán se trata de ganar o ganar, aunque siga sin lograr convencer, dejando serias dudas sobre su funcionamiento. 

¿Quién nos iba a decir que el Alavés obligaría a cruzar los dedos por el Barsa? Lo siento Diógenes, no hay nada escrito.

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