Edgard Tijerino
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Cuando Dave Winfield firmó por 10 años para jugar con los Yanquis, andaba por los 30, igual que Reggie Jackson, atraído también por los “Bombarderos” con un contrato de 5 años.

El dominicano Manny Ramírez, todavía un cartucho de dinamita capaz de mover montañas desde el centro de cualquier line-up, como lo demostró empujando a los Dodgers hacia los play offs funcionando destructivamente durante 53 partidos, pretendía un arreglo de por lo menos cinco años con promedio salarial próximo a los 25 millones.

¿Qué equipo no desea contar con un mata-pitcheres como Manny? Pero él no tiene los 30 años de Winfield y Reggie en aquellos momentos, sin una crisis económica sombreando peligrosamente el futuro económico de las mayores.

El 30 de mayo, Manny cumple 37, y no está “vacunado” contra deslizamientos súbitos de grandes bateadores cuando los músculos comienzan a crujir al estirarse. Con esa edad, y la obligada cautela, ningún equipo mordería el anzuelo con la pretensión de Ramírez, por no garantizar rentabilidad.

Los Dodgers, aún tirando la toalla en ciertos momentos, siempre estuvieron atentos. Lo necesitaban y su público exigía que intentaran conseguirlo contra viento y marea para comenzar a mover las ventanillas de boletos viendo crecer sus posibilidades en el Oeste de la Liga Nacional.

En Los Ángeles, todos estaban claros de que Manny establecía la diferencia entre ser o no el favorito de esa zona. Los Yanquis, cargados de pólvora, no terminaron de interesarse; los Medias Rojas nunca mostraron intención de recuperarlo por estar las heridas del “divorcio” aún abiertas; los Angelinos lo imaginaron tomando el lugar de Mark Teixeira formando combinación ofensiva con Vladimir Guerrero, pero no se atrevieron.

El tiempo comenzó a pasar, las hojas de los árboles continuaron cayendo, el ruido del viento se hizo más intenso, y Manny permanecía con su celular en mano esperando que sonara con una oferta acorde con sus expectativas. Los Dodgers volvieron a aparecer en pantalla y finalmente, el dominicano cedió firmando por dos años y 45 millones de dólares, una fortuna.

A tiempo para reportarse a los entrenamientos y entrar en forma, Ramírez tratará de ser tan impactante como lo fue conectando 17 jonrones y empujando 53 carreras mientras registraba .396 puntos con los Dodgers en 53 juegos, y poder así extender su carrera después de 2010, moviéndose en la cima de los salarios.

Los Dodgers no tenían ninguna aproximación de Manny en su line-up. Su probable tercer bate, el zurdo Adam Ethier, conectó 20 jonrones y empujó 77 carreras en 140 juegos, en tanto el viable cuarto leño, Matt Kemp, se voló la cerca 18 veces, remolcando 76 carreras en 155 juegos.

Ramírez, a menos que el planeta se convierta en cuadrado, debe ser un bateador de 40 jonrones y más de 100 impulsadas, funcionando con precisión en los momentos de mayor presión. Desde antes de aterrizar en Hollywood, es candidato al “Oscar de 2009” entre los artilleros de sangre azul.