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Basta con decir del partido del domingo en el Independencia, que debieron ser mucho más los goles del Tren del Norte, para llegar a la conclusión de que fue el duelo ante el VCP el más desnivelado de todos los que se han jugado en el torneo esta temporada.

Comparecieron sobre el césped no sólo dos equipos de fútbol, sino también dos estados de ánimo. Contrapuestos, la osadía rojiblanca se comió con furia a la apatía azul. Pareció un batallón rendido el cuadro de Flavio Da Silva, culpable directo de una revolución sin efecto en este VCP sin rumbo.

Tres minutos le duró al técnico brasileño el experimento de acumular hombres en la medular para contener a un Estelí que salió en tromba. Calero, reencontrado con su versión más estética y productiva, dio el primer aviso al rival en una acción para enmarcar, sublime, que halló recompensa a la belleza de su disparo. Iván Méndez, único jugador visitante junto a Salvador García, que dieron la cara para aplacar lo que era un vendaval.

No había alma en las huestes chinandeganas, así que poco podía esperarse de su frágil oposición a un “Tren”, que acumulaba méritos para ganar, pero también para reafirmar su posición de dominio en el partido, claro, y también en la clasificación.

Es el de Otoniel un equipo que da miedo e infunde respeto, y así lo corroboró de nuevo con la celeridad con la que despachó la misión de liquidar el envite. Con el partido siempre en campo contrario, el cuadro esteliano no sufrió ni la más mínima dificultad en la retaguardia y tuvo ocasiones a granel para definir al ataque.

Una acción certera de Elmer Mejía le dio su segunda diana. Imbuido en una imparable progresión geométrica, no deja de progresar el hondureño en todos los ámbitos, también en el ofensivo.

A los dos tantos siguió un aluvión de oportunidades claras. Martínez, Godoy y Medina lo intentaron sin la suerte de sus compañeros goleadores y sus respectivos intentos de marcar no encontraron sitio en las redes de Méndez.

Tal y como estaba el partido sólo faltaba al “Tren” la aparición del goleador. El encuentro había caído en intensidad y plasticidad, pero no acabó el asunto hasta que emergió la figura de Rudel para dejar su huella. Fue en una jugada sensacional, donde cabe consignar a Marlon Godoy su correspondiente cuota de mérito con un servicio de alcurnia.

Lo embocó el de siempre, deseoso en su afán por intervenir en el particular festejo rojiblanco a costa de un rival sin pegada, sin espíritu, y casi sin entrenador. Acabó la tarde con la afición entregada, dándose a la fiesta. Fue para el Real Estelí otro día feliz.