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Sin lograr reinventarse, moviéndose ansiosamente entre expectativas tambaleantes con su destreza recortada, pero apelando a su corazón hinchado por la exigencia del momento y sacando provecho de ciertos destellos, el Barcelona logró salir a flote y escapar a otro naufragio, imponiéndose 1-2 al tenaz Atlético de Madrid, siempre inyectado de un extra de vitalidad. Fue un partido apretado por lo intrigante en todo su trayecto, hasta el último instante. Victoria estimulante, porque le permitió al equipo azulgrana quedarse con los tres puntos y mantenerse en pie de guerra, peleando la Liga.

INTENSIDAD SOSTENIDA

Lo que se esperaba. Un duelo entre dos equipos desesperados con el cuchillo entre los dientes, fajándose a pecho descubierto y echando humo, buscando la victoria. El Barsa con la variante de tres centrales, confiando en los aportes que podrían ofrecer Iniesta y Busquets, para las conexiones con los tres mosqueteros del área, Neymar, Suárez y Messi, enfrentando a un Atlético ágil y mordedor, capaz de adelantar líneas con atrevimiento y convicción, ejerciendo una presión constante, a ratos agobiante.

Pese a esa dinámica sin el control requerido, con la inseguridad aguijoneando las proyecciones de cada lado y Neymar incansable batallando con un acoso casi permanente, mientras Griezman y Carrasco parecían multiplicarse al impulso de Gabi y Koke, se fabricaron suficientes posibilidades para abrir el marcador desde muy temprano, obligando a los arqueros, Oblak, de regreso a la trinchera debidamente restaurado y Ter Stegen, cada vez más efectivo frente al cañoneo, a ser determinantes con su accionar para extender el 0-0 a lo largo de 63 minutos, hasta que Rafinha, definió rasante, entre una “polvareda” y muchas piernas, adelantando temporalmente al Barsa 1-0.

IGUALA GODÍN, QUIEBRA MESSI

Poco le importó al Atlético sangrar por esa herida, continuó ejerciendo presión, sobre todo por la izquierda y siete minutos después, en el 70, un centro de Koke a balón parado facilitado por el faul de Busquets, realizó un vuelo siniestro sutilmente desviado por Godín en la zona roja, sin chance para Ter Stegen, con sus reflejos cansados. El 1-1 revitalizante, podía encumbrar al Atlético por encima del desgaste, pero entre las amenazas de desequilibrar cambiando de acera, tomó las riendas el Barsa con un doble remate de Messi en el minuto 86, primero de derecha, rechazado, y luego de izquierda, a las redes, perforando a Oblak.

El cierre de juego con el agregado de cuatro minutos, entrando Rakitic por Iniesta -todavía distante de su forma habitual- fue muy tenso, con los sistemas nerviosos crujiendo, los ojos agrandados, las piernas necesitadas de recargas y los corazones acelerados, sin alteración en el marcador, quedando sellado el triunfo del Barcelona, sin la brillantez de otros tiempos. Atrás, graficando la intensidad de la lucha, quedaron los dos remates de Messi, uno de tiro libre y otro rasante, atajados por Oblak, el fallo de Luis Suárez con todo el arco a su disposición, los rechazos de Ter Stegen neutralizando disparos cargados de peligro de Gabi y Griezmann y otra gran opción de Carrasco.