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Es martes por la mañana, un día que Rosendo Álvarez ha esperado con ansias desde hace muchos años. Cuando era niño, el pequeño que correteaba en las calles de Ciudad Sandino era un loco admirador de Cepillín, el famoso payaso de origen mexicano que ha hecho reír a miles de personas en Latinoamérica.

Esos recuerdos viendo a Cepillín nunca desaparecieron de la mente del que fue dos veces campeón mundial. Para Rosendo, los payasos son más que un artista que hace reír al público con sus chistes o ameniza una fiesta de niños, pintando caritas e inflando globos, estos personajes son “doctores del alma” que calman las tristezas.

Ayer, Álvarez cumplió uno de sus sueños en el III Festival de Convivencia Internacional de Payasos 2017, un evento organizado en un hotel capitalino por José Luis Velásquez, conocido en el mundo artístico como el payaso Flopy. Allí, Rosendo apareció vestido como payaso, brindando una pequeña charla de motivación a los presentes,  a quienes les contó parte de su historia deportiva y les instó a continuar trabajando en la profesión que genera risas.

“Era mi sueño”

“Es la primera vez que me disfrazo de payaso, esto es un sueño para mí. Lo tenía en mente desde hace mucho tiempo, lo hablé con mi esposa, era mi sueño vestirme de payaso, desde niño los admiro, me gustaba Cepillín, mi idea es inventar algo en esta faceta y hacer obras sociales”, dijo Álvarez, visiblemente emocionado.

Por su parte, el payaso Flopy comentó que “Rosendo es un amigo que tengo 3 años de conocerlo, he trabajado en las fiestas de cumpleaños de su hijo menor. Él, con sus obras de beneficencia que hace, ahora ha querido introducirse en este mundo de los payasos para traer alegría a todos aquellos que lo necesitan”. Por unas horas, el bicampeón mundial de boxeo fue un payaso.