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Dos cabezazos de Sergio Ramos, uno desviado por Mertens sin impedir que siguiera hasta sacudir la red de Reina, sacaron de las dudas al Real Madrid que perdía 1-0 hasta el minuto 51, empujándolo como visitante hacia un triunfo laborioso por 3-1, asegurando el salto del Real Madrid a los cuartos de final, en busca de defender con corazón, uñas y dientes el título de la Champions.

BORRANDO TEMORES

Ramos, un experto en hacer apariciones en el área como una nueva Torre Eiffel, con su cabeza funcionando demoledoramente, casi brillando tanto como la de Churchill cuando su cabeza fue considerada la mejor de Europa, apagó la iluminación del Nápoles, hasta ese momento más dueño del balón, del terreno y de las ideas, para agrandar al Madrid inyectándole confianza, permitiéndole volcarse y edificar una victoria por 3-1, de superioridad rotunda en el cierre. El marcador fue ampliado en tiempo estirado, por el remate a portón abierto de Morata, sobre un rechace del arquero Reina, provocado por disparo de Cristiano, precisamente cuando los corazones había dejado de latir en las tribunas y los ojos estaban por cerrarse.El buen inicio del Nápoles, encontró en el remate rasante de Mertens desde la izquierda, una justa recompensa en el minuto 23. Cristiano tuvo una gran opción de empatar, pero el poste devolvió su derechazo, y lo mismo ocurrió con Mertens, entrando por la frontal y apretando el gatillo sobre un medio giro, dejando inutilizado a Keylor. Su disparo, también rasante, golpeó la base del poste izquierdo y se desvió hacia fuera. En ese momento el posible 2-0, se esfumó. 

ENDEREZAMIENTO LETAL

El Nápoles logró establecerse aprovechando la confusión de proyecciones en el medio del Real Madrid, mientras Zidane mostraba su rabia. Un par de oportunidades malogró el equipo italiano, mientras Cristiano, Benzema y Bale andaban en busca de una brújula para orientarse. El cabezazo de Ramos, fue el de una aparición anunciada, golpeando un largo centro de Kroos. El 1-1 fue revitalizante en el minuto 51, y en el 57, Ramos en otro acto de presencia frente al centro geométrico de la cabaña defendida por Reina, volvió a cabecear con poder. Mertens trató de desviar hacia fuera con su movimiento de cabeza, pero no pudo, y el balón continuó hacia las redes. Se consideró que Reina estaba colocado en posibilidad de hacer algo, de no producirse el desvío de Mertens, y en lugar de gol al defensa, se apuntó autogol. Lo importante es que lo decisivo, fue el cabezazo de Ramos. A esa altura, el 2-1 tenía el peso de una lápida.

Fuerte todavía físicamente, pero con las reservas anímicas deshilachadas, el Nápoles fue víctima en el minuto 91 del gol marcado por el remate de Morata, sobre un rechazo. La repetición del 3-1, no dejó margen para la menor discusión. Quizás con el fantasma de Maradona, el Nápoles hubiera logrado voltear la tortilla. No necesitó de sus grandes goleadores. Ahí estaba Ramos para sacar al equipo de las dudas y proyectarlo a los cuartos de final.