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Todavía conserva su figura atlética, andar elegante y su elocuencia al hablar sobre sus años en el béisbol de Primera División, nos hace recordar con prontitud aquellas facultades por las que a Erly Britton se le consideraba en ese entonces, el mejor pelotero de Nicaragua.

Tenía una velocidad de piernas impresionante, un ambidiestro de tacto y swing nato que deslumbraban, fue líder de bateo con .390 en 1990, mostró siempre un fildeo elegante y singular eficacia, virtudes que hacían olvidar que el poder no era una de sus virtudes, pero con tanto por lucir parecía que no hacía tanta falta.

“Es una etapa de mi vida que disfruté porque soñaba con jugar béisbol. Todavía tengo grandes recuerdos con la Costa Atlántica de mis duelos contra Julio Moya. Era uno de los pocos que le bateaba con facilidad aunque no te sabría explicar el por qué. Recuerdo las finales contra los Dantos y Chinandega cuando fuimos campeones en 1989”, explica Britton mientras veía a su vástago, Dwight, jugar con la Costa Caribe frente al Bóer.

Pero en el mejor momento de su carrera, súbitamente desapareció del béisbol, dejando la sensación de haberse perdido un talento en plenitud de condiciones. O por qué no decirlo, se desperdició el pelotero que más se aproximaba a un jugador completo.

“Era necesario porque daba todo en el béisbol, hacía todas las cosas bien y sentía que no iba a ningún lado porque no teníamos la oportunidad de jugar fuera de Nicaragua. En el tiempo que jugué el gobierno no permitía que ningún pelotero fuera firmado por una organización y entonces me dediqué a la pesca, donde me podía ganar hasta mil dólares diarios”, recuerda Erly.

¿Ese impedimento de no poder firmar con alguna organización de Grandes Ligas por el gobierno que había en el país, te hizo sentir mal?
“Me quedé con mucho pesar porque nunca pude firmar. Todavía me quedó esa espinita en el corazón, como una frustración. Ojalá hubiera tenido la oportunidad que tienen estos chavalos ahora y estoy seguro que hubiera jugado en Grandes Ligas. Tenía todo para hacerlo. Las ganas de jugar, bateaba, fildeaba y era muy disciplinado que era vital para rendir más”.

¿Me imagino que cuando miras juego de las Mayores, te decís, yo era mejor que él?
“He visto a muchos que digo, sin querer jactarme, yo tenía más talento que ellos. Por ejemplo, José Canseco, que no sabe fildear y jugó solo por la fuerza que tiene. Algunos otros que son buenos pero también no lo son a la defensa”.

¿En qué te sentías más cómodo, bateando, fildeando?

“En todo. Es que bateaba y sentía que no me costaba contra ningún lanzador. Había turnos que me podía dominar pero la siguiente vez le daba bien a la bola. En fildeo me sentía muy bien. No tenía el poder que parece tiene Dwight Britton, pero tenía mucho tacto. Yo me fui del béisbol a los 25 años, estaba joven y ya no pude volver a pesar que quería aunque no había un equipo de la Costa Atlántica y una vez Omar Cisneros llegó a buscarme pero no llegamos a ningún acuerdo”.


A Dwight se le mira y todavía lo que se nos viene a la mente es que es hijo de Erly, ¿creés que tiene el talento como para imponer su propia imagen?
“Eso es lo que yo quiero, que él imponga su propia figura. Que no le digan que porque tu papá jugaba bien es que vos estás ahí. Él tiene mucho talento, es joven (21 años), siento que todavía tiene que mejorar en su defensa y otras cosas en su bateo pero con las ganas de hacer, trabajar duro y disciplina todo se puede hacer”

¿Dwight cumpliría tu sueño en caso que llegue a Grandes Ligas?
“Siempre hablo con Dwight para darle consejos para que no tome el camino equivocado. Le transmito la experiencia que tuve cuando jugué. Lo primordial que le digo es que debe tener mucha disciplina, dentro y fuera del campo, porque sin disciplina no se llega a un lado. Ese el sueño de él e igual me sentiría muy feliz ir a verlo jugar contra los Yanquis, Boston o cualquiera de esos equipos grandes”.

Erly Britton, a sus 44 años, todavía se dedica a la pesca, mientras en sus ratos libres entrena al equipo de Corn Island que jugará en la próxima Serie del Atlántico.

“Todavía agarro el bate y le doy a la pelota bien, pero el béisbol ya es sólo un recuerdo para mí, un recuerdo del que siempre soñé terminar con un uniforme en Grandes Ligas y no pude cumplir”.