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Soy un fiero tradicionalista en cuestiones de béisbol. No me gusta el bateador designado, no soy fanático del formato de playoffs con wildcard-- hasta me costó acostumbrarme a que los árbitros trabajaran en ambas ligas.

Entonces, ¿por qué de pronto me parece que tiene perfecto sentido que un entrenador de tercera base grite números en lugar de hacer señas? No estoy seguro, pero reconozco que me cuesta un poco el tema de la muñequera. Probablemente pueda acostumbrarme a eso también, pero tal vez me lleve algún tiempo.

El sábado por la tarde fui a ver un juego de béisbol de preparatoria de uno de mis hijos, y el entrenador de tercera base del otro equipo nunca agitó las manos. Tenía una planilla plastificada, y cada vez que un pelotero pisaba base, comenzaba a gritar números en series de tres, ninguno más alto que 5.

Ni bien leía los números, el/los corredores y el bateador consultaban sus muñequeras al estilo mariscal de campo. En uno o dos segundos, el corredor tenía sus instrucciones y el bateador estaba en la caja. Ni siquiera tuvieron que mirarlo.

Generalmente, en el béisbol de preparatoria las señas son un proceso. El bateador puede estar mirando pero el corredor no, así que el entrenador hace la típica rutina de pararse con las manos en las caderas, echándole una mirada feroz al corredor -- pueden escucharse silbidos, o el grito repetitivo de un nombre -- hasta que el corredor distraído capta la idea y pone atención. Generalmente, el nivel de disgusto del entrenador está directamente relacionado con la probabilidad de que estén ejecutando una determinada jugada. Si está tan ansioso por captar tu atención, bueno, probablemente haya algo.

Y luego está todo el tema de las señales perdidas, que siguen la misma rutina excepto por una cosa: Después de que el entrenador se pone las manos en las caderas, generalmente da vueltas en una clara señal de frustración antes de volver a echarle una mirada rabiosa al ofensor.

Nunca he tomado el tiempo, pero yo creo que esta rutina le suma unos 15 minutos al juego. El doble en la escuela.

Pero lo que estaba observando era un sistema que no requería señas del entrenador de tercera base. No se tocaba la nariz, ni la manga, ni picaba su dedo índice tres veces sobre la gorra. Sacrilegio, ¿verdad?
Ni bien el entrenador --Max Luckhurst, de Campolindo High School en Moraga, California-- comenzaba a gritar los números, hice lo que haría cualquier padre respetable del equipo contrario: intenté descifrarlos. Tenía que haber un código, y creí que durante el transcurso del partido podría interpretarlo. Descubrí que el primer número indicaba cuál de los números siguientes era el válido -- 3-2-1 significaba que 1 era el número que valía, y 1 tenía que corresponder con un toque, un robo o un hit-and-run. Por la misma razón, 2-3-1 significaba que 3 era la estrategia a seguir. Era algo similar al sistema de cuatro dígitos que usábamos en la universidad para pedir pitcheos con un corredor en segunda.


Y luego escuché a Luckhurst decir "5-3-2", el corredor avanzó a segunda base, y mi teoría se cayó a pedazos. Luego me di cuenta de que los jugadores no necesitarían muñequeras si el sistema fuera tan simple. De modo que me di por vencido y me limité a mirar el juego.

Hice bien, porque el lunes llamé a Luckhurst para ver si estaba a punto de encabezar un movimiento que revolucionaría esta pequeña parte del juego."Es un software", dijo. Ah. Debo reconocer, me decepcioné un poco. Quería algo más intrépido. Pero, al fin y al cabo, si voy a abandonar la tradición, más vale lo hago con todo.

Luckhurst descubrió el programa de la misma forma que yo. Fue a un juego -- en su caso, un juego de Cal -- y escuchó al entrenador en jefe Dave Esquer y sus asistentes gritando las secuencias de tres números. Curioso, Luckhurst preguntó un poco y descubrió el primer sistema indescifrable de señas, creado por ownthezonesports.com.

Funciona así: la planilla del entrenador tiene una lista de números creados por un programa de software, similar a una hoja de cálculo. Podría tener 35 series de números que signifiquen la misma cosa: bunt. Podría tener 35 más que signifiquen robo. Podría tener 20 que signifiquen hit-and-run y tal vez dos o tres para una jugada menos común como un bunt/robo simulado.

Las muñequeras de los jugadores tienen grillas de números; los números horizontales aparecen en pares -- ej. 32, 44, 21 -- y los números verticales tienen un solo dígito. El entrenador pide un número de tres cifras, el jugador encuentra los primeros dos en la columna horizontal y el último en la columna vertical. La casilla en común tiene un símbolo sencillo -- "B" para bunt, "HR" para hit-and-run, ya te das una idea -- y en pocos segundos todos estamos en la misma página. También hay números muertos, que no significan nada.

No es difícil de aprender. Ponlo de esta manera, mi descripción suena más complicada de lo que es. Visita la página Web y lo verás.

El mismo sistema puede usarse para pedir pitcheos y defensas. El entrenador puede adaptar los números para que se ajusten a las tendencias de su equipo. Varios equipos universitarios aplican este sistema, como Oregon State, Purdue, Washington State y Cal. Tiene sentido, ya que los jugadores universitarios hacen una de dos cosas cuando no están jugando: insultar desde el banco a jugadores contrarios o intentar descifrar señas.

Mira, ya sé lo que estás pensando: Eso no es béisbol. Es hundirnos cada vez más en un mundo en el que los programas de computadoras dirigen nuestras vidas. Dudo que un equipo de grandes ligas aplique este sistema, por temor al ridículo. Además, si un entrenador de tercera base no se está barriendo la manga y tocándose la nariz, la oreja, el mentón y nuevamente la oreja, ¿el béisbol no dejaría de ser béisbol?
Esto es lo que dijo Luckhurst al respecto: Su equipo no perdió ni una seña en los primeros cuatro juegos de la temporada. "El año pasado, no puedo decirte cuántas señas perdimos", comentó. "Era uno de nuestros grandes problemas".

Y, como dice Luckhurst, el sistema es indescifrable pero no infalible. Un niño podría meter la pata, y también un entrenador. Se pasó horas con su equipo en el aula antes de la temporada, pidiendo números mientras los jugadores chequeaban sus grillas para encontrar las combinaciones. El entrenador puede hacer las señales con la mano en vez de gritar, una mejor opción cuando hay mucho ruido.

Es indescifrable porque es completamente al azar. Los números solamente significan algo para los jugadores que llevan las muñequeras. Cuando un equipo universitario juega una serie de tres partidos el fin de semana, alguien le da la orden al software y aparece una grilla distinta. Reemplazan la vieja con la nueva y todos tienen una serie de señas nuevas sin necesidad de aprenderlas. El único temor es que se pierda la planilla del entrenador o la grilla de alguno de los jugadores.

"Puedes estar sentado en el dugout y escucharme decir '2-3-5' y pensar, 'tiene que ser un robo'", dice Luckhurst. "Tal vez lo sea, una vez. El problema es que nunca vas a escucharme decirlo otra vez. Los entrenadores se sentarán en el dugout y escribirán cada secuencia, creyendo que encontrarán el patrón. No lo harán, porque no existe.

"Al principio le tenía desconfianza, pero ya no perdemos señas, el juego es más rápido y a los muchachos les encanta".

Así que, ¿funcionalidad o tradición? El entrenador, claro, elige la funcionalidad. Y si tú eres el muchacho que ha perdido la señal y debe pagar el precio, elegirías lo mismo.