Edgard Tijerino
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Dice Gil Lebreton en su crónica publicada en el Star Telegram de Dallas, que el manager de los Rangers, Ron Washington, estaba extasiado viendo trabajar a Vicente Padilla contra los Medias Blancas de Chicago.

Seguramente le parecía estar observando a un escultor domando el mármol, o un pintor deslizando su pincel por el lienzo. Durante cuatro entradas moldeando o dibujando ceros, Padilla utilizó 38 lanzamientos frente a 12 bateadores limitados a sólo un hit.

Pitcheó como si fuera el as de espadas de los Rangers, apunta Lebreton. ¿Acaso no lo es?
“Si lanza de esa manera tan precisa y dominante en la mayor parte de probables 30 ó 35 aperturas, debe ser un ganador de 20 juegos”, expresó Washington frotándose las manos, disfrutando de cómo el potencial de Padilla se convertía en algo visible y tocable, capaz de provocar asombro, mientras avanza a los 32 años el próximo 27 de septiembre, edad ideal para mostrar a un pitcher en pleno crecimiento.

¡Qué pena por Sandy Koufax, obligado a retirarse a esa edad después de ganar con impresionante autoridad una triple corona de pitcheo! Maldita artritis en el codo que terminó con un tirador tan grandioso.

Padilla es fuerte como un toro, ansioso por aterrizar en la tercera y última temporada de su contrato por casi 34 millones de dólares, firmado en diciembre de 2006, afilando un split que puede convertirse en mortífero, y sacándole el máximo provecho al manejo obediente de una curva desconcertante.

Naturalmente, Washington agrandaba sus ojos, viendo con brillantez, cómo Vicente, con su bola rápida educada para serpentear utilizada tan efectivamente, reclamaba desde ahora la pelota para abrir la temporada por encima de Kevin Milwood.

La importancia del adiestramiento primaveral ha sido por siempre la valoración del material encima de lo que puedan decir las cifras, no siempre reales, y sobre eso, Nolan Ryan, uno de los más interesados en seguir las huellas trazadas por Padilla, está completamente claro.

Pero, más importante que la confianza cultivada por los otros, es la de Vicente en él mismo, lo esencial en momentos como éste.

“Me siento muy cómodo combinando mis lanzamientos. Todavía no los estoy colocando en el punto que quiero, pero he logrado enfocarme rápido, lo que me permite concentrarme convenientemente”, dijo Padilla al periodismo en Surprise, Arizona, tratando de darle forma a su futuro inmediato.

Como siempre, Vicente evita fijar objetivos individuales, aunque es obvio que los considera. Las 20 victorias que todos hemos estado soñando despiertos año tras año, se convierten en una poderosa atracción. Además, debe superar las 200 entradas y mejorar su frecuencia en ponches.

¡Diablos, cómo no ser optimistas una vez más con el potencial de Padilla pretendiendo alcanzar su punto de ebullición! Yo lo estoy. ¡No me digan que ustedes permanecen escépticos, o peor aún, indiferentes!

dplay@ibw.com.ni