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A esta altura, cuando se entra a la etapa crucial en la Liga española, lo que importa es ganar, así no se muestre brillantez. El futbol directo, vertical, productivo, es lo que buscan los dos equipos involucrados en la búsqueda del banderín. Es lo que hicieron apropiadamente Real Madrid y Barcelona para imponerse al Alavés y el Granada, conservando entre ellos la diferencia en puntos 68-66. Con el líder blanco pendiente de un juego más que el retador azulgrana, es obvio que este tiene la necesidad de imponerse en el Clásico del 23 de abril para poder fortalecer sus pretensiones de arrebato de botín, en lugar de sentirse atrapado entre las brasas, como
ocurriría en caso de perder.

FIN DEL SUFRIMIENTO

A lo largo de 85 minutos, el Alavés fue un rival incómodo para el Real Madrid que estaba en ventaja 1-0 por el gol de Benzema en el minuto 31, discutido en el inicio de la maniobra por la posibilidad de un off side al recibir, proyectar pelota hacia la derecha, llegada a fondo de Carvajal, y devolución hacia el corazón del área para el remate mortífero del francés. Sobre ese 1-0 cabalgó el Real Madrid hasta la aparición de Isco faltando cinco minutos, culminando con un remate fulminante de derecha, un suave y medido pase de billarista realizado por Cristiano. El 2-0 con tan poco tiempo por jugar era una sentencia, pero el Madrid tuvo tiempo de estirar 3-0 con el gol de Nacho en el 89, golpeando con la cabeza el violento rebote en el travesaño de un disparo a balón quieto de Gareth Bale.

Se dice en estos casos, un resultado engañoso, porque el Alavés estuvo tan constantemente arañando el gol del empate 1-1, que llegó a ser considerado como lo más factible en el accionar que desplegaban los dos equipos. Varias oportunidades con la defensa de Zidane desarticulada fueron malogradas, pero el peligro era inminente, hasta que el desequilibrante Isco, el jugador más resplandeciente en la cancha, clavó la estocada del segundo gol. Nada cuestionable la victoria del Madrid, pese a la multiplicación de esfuerzos del valiente Alavés, y muy útiles los tres puntos que mantienen a raya al Barcelona, dos atrás.

NO HIZO FALTA MESSI

Más tarde, el equipo de Luis Enrique, que no extrañó a su genio Lionel Messi con el despliegue ofensivo realizado por Luis Suárez incansable e incontrolable, y Neymar, quien confirmó estar atravesando un momento de gran inspiración, agregando el aporte de Paco Alcácer, doblegó 4-1 al Granada, sostenido un buen rato por los felinos reflejos del arquero mexicano Guillermo Ochoa, líder en atajadas de la Liga como consecuencia del bombardeo al que ha sido sometido.

Un 0-0 difícil de masticar durante 44 minutos fue quebrado por Suárez en persecución de una pelota adelantada con un cacheteo magistral, bombeando el balón por encima de Ochoa. El 1-0 antes del descanso fue un calmante para el Barsa que, sin continuar el dominio ejercido en el primer tiempo, buscó cómo ampliar las cifras con un futbol más abierto para facilitar espacios. El gol de Boga, equilibrando la pizarra, hizo tartamudear por un rato al equipo catalán, que se adelantó 2-1 con un gol de Alcácer a los 63, antes que el Granada quedara con un hombre menos por expulsión de Uche consecuencia de doble amarilla. Rakitic y Neymar, sacudiendo las redes, cerraron el 4-1 que le permite al Barsa mantener latiendo la posibilidad de voltear la Liga. Todo un reto.