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No, no son los mismos, aunque sigan provocando tanto entusiasmo, pero en ciertos momentos de excelencia sobre el tapete, Roger Federer y Rafael Nadal, dibujando una geometría brevemente vertiginosa y lo necesariamente destructiva, parecieron acercarse a lo mejor de ellos que ustedes puedan recordar. Esos momentos, no tan prolongados como antes, sin aquella espectacularidad casi inagotable cargada de esa plasticidad que caracteriza a los acróbatas, derrochando energías hasta aproximar sus pulmones al estallido, se alargaron en nuestros corazones y cerebros, mientras Federer construía una victoria por 6-3 y 6-4 en el torneo de Miami.

ALGO DEL VIEJO BRILLO

Fue un partido diferente al que ofrecieron en la final de Melbourne en enero, primer Grand Slam del 2017, ganado por Federer (6-4, 3-6, 6-1, 3-6, 6-3) que terminó deshilachando nuestro sistema nervioso, manteniéndonos levitando sobre las butacas, cobijados por la admiración. La emoción que proporcionan  nos hace creer que su brillantez no envejece, pero obviamente decrece.

Mejor Federer en el fondo trazando diagonales y acercándose a la red; también más preciso en los primeros servicios y control del desgaste. Físicamente se mostró muy bien y aprovechó esa intensidad que no abandona a Nadal y que el público tanto aprecia al verlo ir a buscar pelotas imposibles, como ese esfuerzo perdiendo 5-4 el segundo set, yendo desesperadamente hacia atrás en busca de un globo profundo, extenuando sus piernas en busca de aplicar un revés tan incómodo como improbable. Federer, dosificándose, vio el trazo de cuatro pelotas cruzadas descartando las persecuciones que en otros tiempos hacía alardeando.

BUSCANDO LO SEGURO

El quiebre de Federer con el marcador 3-3 en el primer set de inicio tan equilibrado fue crucial. El suizo no soltó las riendas y luego de establecer el 5-3, remató moviendo a Nadal por los exteriores, impidiéndole golpes contundentes. Utilizando disparos largos hacia el revés de Nadal, sin importarle repeticiones, Federer trató de ir a lo seguro con remates rectos para quitarle efectividad a los remates zurdos del español, imponiéndose 6-3 y dejando una señal de dominio bajo presión.

En el segundo set, Nadal extendió más su resistencia. Salvando dos posibilidades de ser quebrado con su servicio, forzó un 4-4, pero Federer no falló en el tercer intento y se adelantó 5-4 con un buen manejo de atraer a Nadal hacia la red y aplicar eficazmente cruces arriesgados. Pese a que abrió el último game disputado con su única doble falta, Federer se enderezó rápidamente para someter a Nadal 6-4 y llevarse el trofeo número 91 de su fulgurante carrera y el 26 en Masters 1,000. No, no son los mismos de aquellos tiempos, pero en ciertos momentos parecieron serlo.