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Edgar Tijerino M.

Levanten sus manos quienes creyeron que llegarían a ver a Evert Cabrera en las Grandes Ligas. Vamos a ver qué tanto se extiende en las Menores, pero si Brant Alyea y Juan Muñoz se quedaron cortos, no creo que Cabrera aterrice en la pista de los “Boeing”, fue lo que pensé en principio, cuando salió de aquí.

Pero Cabrera, provocando asombro con su rapidez de piernas y esa habilidad para desplazarse que le permitió robarse 73 bases en las Ligas Menores durante el 2008, más su evolución haciendo contacto, está siendo considerado para quedar en el roster de 25 que presentaran los Padres de San Diego al despegar la temporada.

¿Será Cabrera, sorpresivamente, el décimo big leaguer pinolero, y apenas el tercero que no es pitcher? La posibilidad está ahí, danzando frente a nuestras narices. Lo siento por Rigoberto Mena y Duncan Campbell, dos de los más grandes peloteros de todas las épocas producidos por el béisbol nica, que lo tenían todo, pero no lograron desembarcar en la grandiosidad de las mayores.

“Esto podría sonar un poco extraño –apunta el cronista de MLB, Corey Brock-, porque Cabrera de 22 años, quien no ha jugado oficialmente un partido encima del nivel A fuerte, registra .174 puntos con el madero y ha cometido 5 errores, pero su velocidad es sencillamente impresionante y le permite hacer muchas cosas con poco”.

Ése es el argumento sobre el cual cabalgan las expectativas del joven y agresivo nandaimeño, que se eleva 5 pies y 9 pulgadas y pesa 170 libras, cargadas de electricidad.

“Lo veo todos los días y se está poniendo mejor. Es joven, muy rápido y tiene audacia. Puede llegar a ser muy útil”, apunta en la nota de Brock, el entrenador Glenn Hoffman, quien trabaja puliendo la defensiva, uno de los retos que Cabrera tiene que tomar.

Lo más llamativo es lo que expresa emocionado, el Gerente General Kevin Torres: ha sobrepasado mis expectativas. Torres piensa que los Rockies van a lamentar haber dejado a Cabrera al descubierto, permitiendo que lo tomaran los Padres.

“Hay algunas cosas que tiene que ajustar”, le dice el manager Buddy Black al cronista Brock, explicando que Cabrera ha cometido errores por su agresividad, tratando de hacer demasiado, y advirtiendo algo verdaderamente estimulante, y hasta atrevido: lo que tiene de destreza es suficiente para jugar aquí.

Cuando muchos que saben valorar el potencial de un prospecto, coinciden en impresionarse viendo en acción a Cabrera, y no titubean para diagnosticarlo como listo para fajarse en las mayores, ¿quiénes somos nosotros para discutirles?
Así que, de convertirse Cabrera en el décimo big leaguer pinolero, preparemos los morteros, digo los cohetes, para festejarlo sin capuchas.

dplay@ibw.com.ni