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No hay forma de restaurarle a Román González un triunfo de sangre, sudor y finalmente lágrimas de amargura, como lo hubiera graficado Churchill, de ser cronista de deportes en estos tiempos. Ese despojo descarado lo estará mordiendo por siempre. Es lo que ocurrió cuando un loco entró a la Basílica de San Pedro con martillo oculto y destrozó la nariz de La Piedad. Mil reparaciones y nunca quedó igual. Quizás haciendo resucitar a Miguel Ángel. Sin embargo, ¡qué bien la decisión del CMB de ordenar una revancha inmediata con el tailandés Rungvisai, un cabeceador tan bueno como Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos o Gareth Bale! Lo único que en el boxeo no se permite utilizar la cabeza como un tercer puño. 

Cierto, tampoco podrá cicatrizar el robo de cinturón hecho por tres jueces del concurso Miss Universo, que equívocamente entraron al Garden, tarjetas en mano y realizaron un atraco ante los ojos del mundo, imposible para la pandilla de los hermanos James, una de las leyendas del Viejo Oeste. Cicatrizarán las heridas de Román por muy profundas y anchas que sean, pero no la inmensa grieta en su récord y en su esfuerzo, que desembocó en el robo y pérdida injusta de su cuarto cinturón. Qué bien entre los lamentos que todavía escuchamos, que Mauricio Sulaimán, presidente del CMB, se abrace a la honestidad y con discreción admita el despojo hecho a su figura cumbre, afectado también en el reconocimiento casi universal, como mejor libra por libra, decida forzar la revancha. 

Ningún asterisco a la orilla de esa pelea en el récord de Román explicará y muchos menos justificará con el paso del tiempo el atropello que sufrió, pero que bien que le abran espacio para intentar recuperar su corona y parte del prestigio cultivado alrededor de su invencibilidad, seriamente abollado. Qué bien que Sulaimán no perdió tiempo en ir directo hacia la revancha, aun sabiendo que afectaba a Carlos Cuadras, condenándolo a seguir en el círculo de espera. Hay que aprovechar esta posibilidad para que el equipo de trabajo de Román haga replanteos frente a la revancha, no en lo estratégico, porque aún condicionado desde el inicio por la caída y los cortes fue tan eficaz que se ganó la pelea, sino en otros aspectos de esencial importancia, como es el equipo de apoyo necesario, incluyendo un sanador de heridas de verdad, conociendo cuál es “el estilo” de Rungvisai, quien abrió un corte escalofriante a Carlos Cuadras, obligando a la suspensión y decisión técnica.

Para mí el robo más grande del boxeo. Ni Whitaker-Chávez, ni la número 3 entre Pacquiao y Márquez, ni el empate Hearns-Leonard, ni José Luis Ramírez-Whitaker. No, este asalto a “Chocolate” no tiene precedentes. Irreparable lo hecho a Román, pero que bien la actitud del CMB de ordenar la revancha directa.