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Nunca podemos dar por muertos a los cubanos en béisbol. Tienen clase y les sobran agallas. Lo hemos comprobado viéndolos construir proezas con batazos de última hora, con el telón cayendo, como ocurrió el martes con Yosbany Peraza que salió del banco para tomar el turno de Juan Carlos Pedroso y volarse la cerca estando Yulieski Gourriel en circulación, logrando salir del hoyo frente a Australia y ganar 5-4. Ahí estaba nuevamente esa emoción divina y seductora.

Esos impactos cubanos los hemos sufrido también en carne propia, como cuando nos golpeó Elpidio Mancebo con su jonrón mata-esperanzas en 1971, durante un partido que perdíamos 1-0 hasta el noveno; o el que disparó Kindelán como emergente en Edmonton 1995, previo al batazo matador de Pacheco, empujándolos a una victoria por 10 a 9 después de haber estado atrás 8-1; y cómo olvidar los jonrones que nos estremecieron en 1996 en Atlanta, permitiéndoles voltear espectacularmente un 7-5 adverso y convertirlo en un angustioso 8-7 favorable, en ruta a la conquista del oro olímpico.

El más ruidoso batazo del Mundial de 1972 fue el jonrón con repetición de Agustín Marquetti para derrotar a Estados Unidos. Sin exagerar, un cañonazo para la eternidad. Así lo consideramos todos los que fuimos testigos de aquella apasionante batalla entre Cuba y Estados Unidos. Fidel, desde Cuba, para poder dormir, exigió hablar con Marquetti para felicitarlo personalmente, y lo hizo.

Hay batazos no tan grandes, como el hit que disparó el pitcher Gaspar “Curro” Pérez en el Mundial de 1969 en Dominicana para decidir el juego con Estados Unidos, cuando Servio Borges prefirió dejarlo batear en lugar de utilizar un emergente.

En el Mundial de 1980 en Japón, un jonrón inmenso de Antonio Muñoz quebró un impresionante duelo de ceros, asegurándole a Cuba otro cetro, en tanto en 1988 en Italia, se llegó al cierre de juego con Estados Unidos adelante 3-1, apoyándose en el formidable pitcheo de Jim Abbott, cuando Robin Ventura cometió error sobre batazo de Luis Casanova y Lourdes Gourriel colocó una pelota en órbita para empatar el juego. Más adelante, en el mismo noveno inning, Lázaro Vargas dejó tendidos a los norteamericanos, descifrando a Andy Benes con un hit que encontró las bases llenas.

La victoria de Cuba sobre Panamá borrando dificultades en el primer Clásico, fue posible por el jonrón de dos carreras de Yulieski Gourriel a quien deberían haber boleado, y sigo teniendo presente aquel momento en el Mundial del 2003 realizado en la isla, con Brasil derrotando a Cuba 3 por 2 y doce millones de corazones angustiados. Triple de Yulieski y el jonrón rumbo a la luna llena disparado por Kendry Morales, con el gigantesco Estadio Latinoamericano tambaleándose como un borracho en racha de noches de juerga.

Siempre me ha impresionado la garra de los cubanos, sobre todo en su gran pasatiempo como es el béisbol. Es por eso que nos alegró tanto el estacazo de Yosbany Peraza el martes, por sonar las campanas de media noche, cuando aquí las carretas naguas estaban por salir a dar su vuelta.