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Hay quienes piensan, sin ser cierto, que no hay nada más difícil que ser argentino, pero más difícil aún, lo es, si eres Lionel Messi. Los argentinos hicieron “Dios” a Diego Maradona y están dispuestos a no ceder ni un centímetro en eso, así los deslumbre Messi, y el resto del mundo lo vea más grandioso que como lo ven sus molestos compatriotas.

Messi pudo nacionalizarse español por varias razones, como varios lo han hecho, Di Stéfano incluido, pero prefirió seguir siendo argentino. Para él, fue como tomar otro reto, ser fiel a sus raíces y meterse en el corazón de “su gente”. No lo ha podido lograr.

SU BRILLO ES CEGADOR

Sin Messi, la Selección Argentina, no hubiera sido finalista en Copa de Mundo y en Copas América. Estaría empequeñecida como equipo funcional, no por falta de figuras, pero Messi los ha salvado hasta de quedar eliminados en la propia fase de grupos de un Mundial. En Sudáfrica fue el mejor argentino en cada uno de los tres juegos, y en Brasil igual. No hubo otro argentino próximo a él. En el Barsa no está tan necesitado de compañía. Tiene a Neymar, el mejor brasileño, a Suárez, el mejor uruguayo, y también a Iniesta, con suficiente destreza, uno de los mejores españoles. Argentina no tiene a ninguno de esos. Quizás, más adelante el joven Dybala. Antes, fueron otros los que rodearon a Lio en el Barsa y él, no solo ha seguido siendo el mismo, sino con mayores responsabilidades.

Permanecer desde hace más de 10 años en la cima del futbol mundial, no tiene precedentes. Lo del domingo frente al Real Madrid abrillantando el Clásico y rescatando al Barsa, no es –tratándose de él– algo sorprendente que merece ser magnificado. Simplemente fue Messi, el genio inagotable, mostrándose como lo que es ahora, un centrocampista total con asombrosa frecuencia goleadora: líder en la Liga, en la Champions, y en la lucha por la bota de oro. No se le podía pedir tanto a Diego pese a su indiscutida grandiosidad como jugador sin esa incidencia sacudiendo redes, una gran desventaja frente a Pelé.

¿A QUIÉN LE GRITAN?

Después del último show de Messi apareció un hombre de prensa desorientado, gritándole por qué no es así con Argentina, llamándolo un fraude en casa, olvidando en su soberbia y mala intención, todo lo que ha hecho Messi por mantener a Argentina en lo alto de las valoraciones. ¿O se le ocurre alguien que haya hecho más? Raramente, hay argentinos que desean que Messi no sea tan bueno para impedirle seguir agrandando su historia, Maradona entre ellos, aunque cada día que pasa, quien también falló en tres Copas América y no salvó a su equipo en la Copa de 1982, parece resignarse un poco a lo inevitable.

Messi podría no agregar otro balón de oro a los cinco conquistados, y seguirá siendo considerado el mejor jugador del mundo, porque sencillamente, lo es. No necesita pertenecer al equipo ganador de una Copa del Mundo, como no lo necesitó Cruyff entre tantos. Centenares de ganadores de Copas, no admiten la menor comparación con Messi, un argentino que no parece argentino porque no habla, no grita, no se queja, solo juega como lo harían los dioses,  y lo hace casi siempre, como un predestinado.