Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni

Lo conocí en 1977. Era un niño todavía con apenas 15 años, una edad en la que yo estaba tratando de corregirme no de correr en busca del futuro, como él lo pretendía mostrando una mirada inquieta y exuberante confianza en su talento, su voluntad y su crecimiento.

Ya hubiera querido ser yo un chavalo como él, no un serio problema para mis padres. Se dejó atrapar muy temprano por el poder de la vocación y decidió incursionar atrevidamente en el periodismo deportivo.

Todos lo quedaron viendo. ¿Y este muchacho qué hace aquí?, me preguntó alguien cuando lo llevé a la redacción de La Prensa.

Era fácil captar su potencial. Esa chispa que seguramente lo ha identificado desde la cuna, saltaba a la vista y tenía como agregado esa ansiedad por establecerse lo más rápido posible y sobresalir.

No me lo dijo, pero se lo escuché: si estoy aquí es para quedarme y brillar. Exactamente eso es lo que ha logrado en nuestro medio.

Cuando Carlos Guadamuz me llamó para realizar un programa deportivo en La Voz de Nicaragua, pensé de inmediato en Enrique y así saltó al tapete el nombre de Doble Play. Quebramos esquemas yendo a fondo, y el programa se convirtió en un referente casi obligado.

Han pasado 30 años desde sus primeros pasos y ahora está en la cima con una fórmula sencilla: habilidad y amenidad para graficar lo que ve, estableciendo una precisa conexión con el público. Eso, agregado a su astucia para manejar temas polémicos o fabricarlos, hizo crecer rápidamente su popularidad.

Cobijado por un ego que supera su estatura y que lo ha impulsado a pisar el acelerador a fondo en la carretera del progreso, Enrique sigue siendo un trabajador incansable, un experto en saltar obstáculos.

Hemos construido una amistad a prueba de sabotajes que se mantiene inalterable y que también cumple 30 años. Esa amistad que como dice Carlos Fuentes, es la prolongación de la familia.

Su programa Play Off, con el apoyo del cada vez más evolucionado Edgard Rodríguez, de Iván Centeno, Edgard Estrada y la experiencia y conocimientos de Carlos Reyes, le ha permitido consolidarse como una figura dominante en el dial.

Una vez me preguntaron, ¿qué es lo mejor de Enrique?, y respondí: su facilidad para improvisar, sus recursos para atrapar la atención, su memoria como base de datos y su aptitud para trenzarse en discusiones y repercutir.