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En el minuto 86, el Atlético de Madrid de rodillas, atrás 0-3, angustiado, desesperado y sangrante, implorando al cielo, gritó desgarradoramente: “¡Paz hermano Cristiano. No más!”. El portugués, enfurecido como el Lobo de Gubbia, el terrible lobo del poema de Rubén, ese que asolaba los campos, que con crueldad aterrorizaba los rebaños, devorando corderos, devorando pastores, dejó entre sus incontables muertes y daños el cadáver deshilachado del Atlético de Madrid, impulsando al Real a la final de la Champions en busca de su décimo segunda orejona, contra el Juventus o el Mónaco. ¿O hay alguien que tenga la menor duda? No le hagan esta pregunta a Simeone y descarten la remota posibilidad de una remontada. Este Real Madrid no lo permitirá.

SUPERIORIDAD ABSOLUTA

“No hay nada imposible”, dijo el técnico argentino del Atlético, sin tratar de ocultar la superioridad abrumadora del Real Madrid, refugiándose en la esperanza casi desfalleciente de un milagro, sin disponer de los recursos necesarios para darle forma. Este Atlético visto ayer en el Bernabéu dio la impresión de estar muy distante de la maquinaria de fabricar futbol de cobertura total, pujante y demoledor que maneja Zidane. Aun moviéndose con la pelota, el Atlético parecía no tenerla, deambulaba en la cancha hasta que perdía la posesión y quedaba expuesto a las contras del Real Madrid, con el soporte de un mediocampo de rápido tránsito y precisión en la entrega. 

Cristiano Ronaldo: "Fue un partido total del equipo"

Muy temprano, en el minuto 9, el partido se destrabó con el primer gol de Cristiano, golpeando con su cabeza un centro hecho rebotar contra el piso enviado por Casemiro desde la derecha. Como siempre, Cristiano que en la primera jugada estaba offside antes del despeje de Savic, pero no en la segunda, moviéndose como un fantasma entre la jungla del área, apareció libre de marca y perforó a Oblak. ¡Qué tranquilizante era el 1-0 jugando en casa! El Atlético consiguió un par de opciones que fueron malogradas, una de ellas por cierre de Keylor, pero era el Real quien manejaba los espacios y empujaba el partido sin apresuramiento, con cuidado, sin ceder terreno atrás y con un hombre libre para recibir.

DOS MÁS DE LA FIERA

El 1-0 necesitaba ser ampliado para evitar complicaciones en el futuro inmediato, pero pese a los constantes avances de la marea blanca no se lograba. De la mejoría del Atlético en algunos momentos del segundo tiempo sin llegar a tomar las  riendas más que fugazmente, no se enteró el Real Madrid. Y en el minuto 72, el estallido tan deseado como factor de seguridad. Cristiano otra vez, resolviendo con frialdad de pistolero como la de Doc Holliday, esperó que la pelota girando con efecto producto de un trabón en la frontal con la pierna de Felipe dejara de ser engañosa, para activar su pierna derecha y soltar el bombazo que casi le provoca un infarto a Oblak para el 2-0. Ese estiramiento fue muy saludable para que el Real, suelto, atormentara al Atlético con sus acercamientos por las dos bandas, y en el 86, recibiendo en diagonal desde el fondo por la derecha, una entrega rasante de Lucas Vázquez, el taponazo derecho de Cristiano adelante del punto de penal, rectilíneo y mortífero, desarticulando a Oblak para sellar el 3-0, haciendo añicos la intriga del juego de vuelta. 

La semifinal no está cerrada, dijo el artillero portugués, pero sabe que lo único abierto es la opción que él tiene de marcar dos goles y con 12 superar a Messi, quien sin goles frente al Juventus se quedó en 11. Las cifras de Cristiano son grandiosas, y su accionar salvaje.

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