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Según World Soccer, la prestigiada revista inglesa, con su agresividad sin pausas, el Mónaco es el equipo más excitante de Europa. Tiene al “Tigre” Falcao restaurado, al formidable chavalo Mbappé y un grupo de jugadores atrevidos, sin temor a los riesgos, confiando en sus habilidades, pero ayer, sin lucir desarmado, multiplicando esfuerzos mientras disponía de espacios, ese equipo tan admirado se estrelló contra un muro defensivo que supo adelantarse para establecer distancia con su cabaña, pese a la posesión del Mónaco, y facilitar posibilidades ofensivas, factor decisivo. El Juventus levanta un muro que casi no flaquea, que raramente permite goles y que cuando hace alguna concesión, sabe que está Buffon, el veterano arquero de varios posgrados, para las correcciones. Así, con la esencia de ese estilo aprietatuercas, pero sin encerrarse, fabricando opciones, dos de ellas concretadas por Higuaín, el Juventus se impuso como visitante 2-0 al Mónaco, taladrando su futbol alegre y peligroso, y está golpeando las puertas de la final de esta Champions.

UN RETO GIGANTESCO

Agregar a Barzagli, juntándolo con Chiellini y Bonucci en el centro de la defensa, con Alex Sandro y Alves por las bandas, supone un gigantesco reto para el enemigo, considerando la capacidad para desdoblarse de Pjanic y Marchisio, pero más importante y decisivo aún fue ver suelto al brasileño Alves por la derecha, proyectándose como un extremo sin preocupación por cuidar su espalda. Esa liberación le permitió a los 28 minutos ir tan a fondo para dejar ese taconazo maestro que Higuaín, entrando huracanadamente desde atrás, remató de derecha agujereando a Subasic, estableciendo el ansiado 1-0. Y fue el incansable Alves quien trazó el largo y preciso centro hacia Higuaín en el minuto 58, después de una recuperación, para la segunda estocada. Dos asistencias de Alves y dos goles de Higuaín sentenciaron el partido. El lateral derecho que tanta falta le hace al Barcelona brilla ahora en el futbol italiano y en la Champions, con el Juventus. Con 41 pases bien realizados, Alves dejó un certificado de su importancia.

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PESE A TODO, LUCIÓ MBAPPÉ

La experiencia y buen manejo atrás de un equipo como el Juventus, con solo dos goles en contra en 11 juegos, es agobiante. Esa facilidad para cerrar espacios con retornos oportunos, con tres centrales de tanto oficio en cierres, anticipos y juego friccionado, recortó drásticamente la flexibilidad del Mónaco, un equipo altamente productivo en los recientes juegos de Champions. Pese a ese inconveniente y la forma en que trataron de cercarlo, Mbappé logró mostrarse, complicar y enviar destellos de su juego y de su futuro. Una vez más la destreza y firmeza del Juventus para llevarte hacia la nada es efectiva. Sobre todo, cuando es un equipo que dispone de recursos ofensivos para culminar contras con excelentes enlaces, como en el primer gol, dibujado desde Buffon hasta el taconazo de Alves, y culminado con el taponazo de Higuaín. Una obra de arte sobre el lienzo. Fina demostración de un equipo duro, impenetrable, a ratos imparable, y con un arquero que simplifica con sobriedad, burlándose del paso del tiempo. La final Real Madrid-Juventus está escrita, en las Pirámides de Egipto y en los sótanos de la Basílica de San Pedro. Pueden ponerle sello.

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