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Ha transcurrido un siglo desde que a inicios del invierno de 1917 don Napoleón Parrales Bendaña y un grupo de ciudadanos de Diriamba fundaron el equipo de futbol Diriangén, evento que dio a la ciudad del Güegüense el estandarte de precursora del balompié nicaragüense. El Acta Constitutiva la redactó el 17 de mayo de ese año el Dr. Juan Manuel Mendoza, autor del libro “Historia de Diriamba”, cuyo controversial contenido lo obligó a huir a Guatemala para eludir las represalias de las familias que se sintieron agraviadas por su manera de ver quién era quién en la pirámide poblacional de la localidad. Los Caciques de 1995, con figuras como José María “Chema” Bermúdez (segundo de pie, de izquierda a derecha). .

Los primeros en vestir el uniforme blanquinegro, con el Cacique bordado a colores al lado izquierdo de la camiseta fueron Ramón Quintanilla, Alejandro Alemán Castro, Enrique Baltodano, José Rodríguez Blen, Guillermo Briceño, Buenaventura Rappaccioli, Tomás Echaverri, Antonio González García, Fernando Briceño, Ramón Ernesto González, Diego González, José Dolores González, Benjamín Gutiérrez Espinoza, Juan Heuston y Carlos González. Un mes después debutaron en el estadio La Momotombo, en Managua, donde con gol de José Dolores González vencieron al Atlético, e iniciaron su proceso de consolidación en el incipiente futbol nacional. 

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Aparaece "Catarro"

En sus inicios el equipo fue integrado por jóvenes de la aristocracia cafetalera, que conocieron este deporte cuando estudiaron en Francia e Inglaterra. En 1925 fue reforzado con Paco Alemán, Arnoldo Pacheco, Félix Pedro Rocha, Rodolfo “Diriambita” Cruz, Armando Idiáquez, Jorge Blanco González, Edmundo, Diego, Gilberto y Fernando Quintanilla, quienes agregaron calidad y eficacia al engranaje indígena. A finales de la década de 1930 surgió un fuera de serie en la Capital del Futbol: Manuel Cuadra González (Catarro), el mejor jugador de todos los tiempos del Diriangén y Nicaragua. Él jugó en los campeonatos nacionales de la década del 40 y parte del 50, siendo líder goleador seis años sucesivos (1939–1944). Con él brillaron los hermanos Pedro, Arnulfo y Juan Robleto, José Bermúdez, Lalo Abud Pineda, Abraham Rocha Tercero, Humberto Matineé Martínez, Juan Carlos Mendieta, Armando Serrano Gutiérrez, Panchito Gutiérrez y José León Sánchez Román.  

En Una historia de gol y pasión, el recordado Dr. Luis Mojica Sánchez destaca hazañas del Diriangén, entre ellas, la conquista de siete títulos sucesivos en torneos de la Liga Mayor de Primera División (1940–1946), más la Copa “Thomas Cranshaw”, el galardón más codiciado por los equipos de la época: Grifos, Somoza, exalumnos del Colegio Centroamérica, Distrito Nacional, Transportes Laínez, Lido y Makabi. Con tal proeza, Diriangén superó la marca latinoamericana impuesta por el Racing Club, de Argentina (1913–1918), de seis campeonatos sucesivos, y la del Deportivo Saprissa (Costa Rica), con seis campeonatos en fila (1972-1977). El Diriangén es el tercer club más antiguo de CA.

Es difícil recordar en este homenaje a todos lo que propiciaron la perenne continuidad del Diriangén en el escenario del futbol nicaragüense durante estos cien años, pero allí están Julio Rocha Idiáquez, Napoleón Molina, Abraham Rocha, Douglas Pérez, Jaime Mendieta, Eduardo Siero, Ricardo Morales Avilés, Alberto Tico Dávila, Miguel Urtecho, Carlos Velásquez, Livio Bendaña, Gilberto Chita López, Omar Jirón, Morrocollo Rocha, Emerson Flin, Cuchubal Flores, Armengol González, Armando Mendieta, Antonio Alemán, Juan Carlos Pacheco, Julio Rocha Elvir, Chemanel Figueroa, Julio Rocha López, Peter y Pedro Rocha, Silvio y Ñel Aguirre, y mil disculpas para aquellos que no incluí.

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La era de "Peché"

A inicios de los 70 el futbol era esencial en nuestras vidas. Entre los magníficos equipos de la época sobresalían la UCA y el Flor de Caña, pero era el clásico Diriangén-Santa Cecilia, ambos de Diriamba, el evento que todos esperábamos. Y la tensión nos embestía desde que el pitazo de Valentín Gazo ordenaba que rodara el balón, y la angustia nos hundía sus garras cuando los toques precisos de Camarón Gutiérrez propiciaban las temibles incursiones de Gerardo Barrios, Rudy Sobalvarro, o René Rivas, engatusados con fusilar a Fito Castro. Y cómo gozábamos cuando, desde el mediocampo, “Peché” Jirón y “El Cuervo” Ocampo tejían elegantes filigranas con las que “Chico Mambo” Romero, “Catarrito” Cuadra, Manuel Tamariz, o Monsieur Orellana, cercaban la puerta del magistral Salvador Dubois, custodiado por los temibles acorazados “Bazooka” Huete y “Chocorrón” Buitrago. 

En esos noventa minutos nuestra excitación trascendía hasta el éxtasis, y tocábamos la inmortalidad cuando aquellas irrepetibles jugadas de antología concluían con el botinazo que zarandeaba las redes adversarias, y miles rugíamos el gol con los pechos a punto del estallido. Aquellas vivencias eran tan intensas que, en una de esas tardes de oro, un infarto doblegó a don Orlando Artola —el recordado Mama Camela— quien entre sus recuerdos se llevó a la eternidad los goles que ese día anotaron los francotiradores de nuestro querido e inmortal Diriangén.  

Con los años los hijos relevarán a sus viejos en las filas del equipo, siendo común que en un partido se vieran apellidos repetidos en las playeras. En la agitada y rebelde década del 70 nuestros bróderes ya estaban entre los grandes: Víctor Granja, Mauricio, Donaldo, Reynaldo y Manuel Cruz, Gustavo González, David López, Cairo Arévalo, Juan Emilio Robleto, Rodolfo Molina, Errol Chong, Róger Gutiérrez, Manuel Quintanilla, Horacio Rocha, Bayardo Baltodano, Salvador Chávez, Tulio López, Chico Hernández, Livio Bendaña, Armando y Norman Cuadra, Alberto Espinoza, y los extintos: Bayardo “Carita” Barrera, Omar “Guacal” Jirón, Vidal “El Paisa” Quintanilla, Reynaldo “Muraco” Molina, Enrique “Maldito” Gutiérrez, Leonel “Petunia” Molina y Rafael “Mamón” Cruz.     

Un símbolo de rebeldía 

En aquella época, para muchos el Diriangén era más que un equipo de futbol. Era símbolo de rebeldía de nuestra ancestral identidad indígena. Quizás por eso, cuando ganábamos el campeonato, desfilábamos en las calles de Diriamba sin pedirle permiso a la Guardia, ni a nadie, bailando en zarabandas al ritmo sabroso y pegajoso de marimbas y chicheros, alzando el trofeo que sería ofrendado a Guachán, y reeditando sus festejos, sin importarnos en qué mes estuviéramos, ¡porque para eso éramos campeones!  

Hoy nuestro centenario Diriangén, vive, vibra y suda en los muchachos que, orgullosos de su estirpe, y de ser continuadores de gestas que cruzaron el umbral de los siglos, participan en los campeonatos nacionales de futbol. El amor y la pasión por el Diriangén supera en demasía las restricciones materiales, porque más allá del fanatismo, lo suyo y lo nuestro está sustentado en el orgullo de ser descendientes del primer cacique indígena que en América enfrentó con sus guerreros a los conquistadores españoles. Por ello, y por muchos siglos más ¡Viva Diriangén! ¡Viva Diriamba!.

 

7 campeonatos de forma consecutiva ganaron los Caciques del Diriangén, entre 1940 y 1946.

 

15de junio de 1917 disputaron su primer partido los Caciques del Diriangén, venciendo 1-0 al Atlético de Managua.

 

17años dirigió Mauricio Cruz a los Caciques del Diriangén, siendo el técnico que más tiempo duró en el banquillo blanquinegro, logrando siete campeonatos nacionales. 

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