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¿Cuál es la medida correcta para entrar al Salón de la Fama del Deporte pinolero? No se sabe. En la ansiedad por hacer reconocimientos, la balanza de las consideraciones es utilizada de diferentes formas. Como siempre, en la promoción de diez nuevos deportistas que ingresarán al Salón, se puede darle forma a algunas discusiones, que inevitablemente terminarán desvaneciéndose, pero ninguna alrededor de la figura cumbre, el pitcher derecho Vicente Padilla, un auténtico big leaguer, el atleta nicaragüense de mejor salario en la historia: 13 millones de dólares por una temporada. Más de lo que ganaron en el recorrido de toda su vida, sumando cuentas, Alexis Argüello, Rosendo Álvarez y Román González, nuestros tres mejores pugilistas.

Padilla se lo mereció. Durante 14 años de tránsito, algunos recortados por problemas musculares, el tirador de meteoros ganó 108 juegos y perdió 91, completando solo cuatro faenas, todas desembocando en blanqueos, con tres registros de 14 triunfos y uno de 15, vistiendo cinco uniformes (Arizona, Filadelfia, Texas, Dodgers y Medias Rojas). Nada que discutir alrededor de quien estuvo en par de ocasiones próximo a un no hitter. Hasta hoy, el segundo mejor lanzador pinolero de todos los tiempos, solo detrás de Denis Martínez.

¿Y los otros?

Como dirigente deportivo de mayúscula incidencia en la progresión de peleadores nicas, hasta llevarlos a disputar cinturones mundiales, y como un eficaz contribuidor al desarrollo de este deporte en casa, el italiano Renzo Bagnariol obtuvo legítimamente con su utilidad indiscutida, la ciudadanía nicaragüense, y ahora, su escogencia al Salón con amplitud; en tanto René González, otro de los escogidos, convenció a los de comité de selección con esa combinación de atleta en natación, activista de agitación permanente y dirigente, funcionando a la orilla de Carlos García en el Instituto de Deportes. Una larga vinculación con el deporte.

El beisbol, nuestro principal deporte, agrega al legendario receptor de los años 40 y el inicio de los 50 Jorge “Conejo” Hernández, quien brilló ofensivamente en la Serie Mundial de 1947, cuando el equipo nica se aproximó a la conquista del título, y al infielder George Wehmeyer, quien, me informan, disparó el primer jonrón en el estadio inaugurado en 1948, militó con la selección nacional y estuvo un buen tiempo atravesando diferentes categorías en las Ligas Menores, logrando avanzar a Triple A, participando en solo dos juegos sin tomar turno al bate. 

Cierran el grupo selecto del 2017 el ajedrecista Martín Guevara, hoy catedrático universitario; las basquetbolistas Alberta Smith y Rosalpina Santamaría, de diferentes épocas; el fuerte defensor derecho Emerson Flores, quien dejó huellas con el Santa Cecilia, el UCA y la selección nacional, y el lanzador de martillo Gustavo Morales, uno de los “mimados” del entrenador húngaro Itsvan Hidgvegi, constantemente campeón centroamericano en la especialidad, viviendo tiempos en los que Nicaragua arrasaba en bala, disco, jabalina y martillo.