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Hablar de robo en Gales, es una locura, pero la puntuación (117-110, 117-110 y 118-109) de los jueces en el triunfo de Andrew Selby (9-0, 5 nocauts) sobre el nica Cristofer González (23-3, 15 nocauts) la tarde de este viernes en Cardiff, también es desproporcionada y fuera del lugar. Un 115-113 era lo más justo, el pleito fue cerrado a favor del local que se quedó con el botín eliminatorio por el título 112 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

¿Qué le faltó a Cristofer para imponerse? Nada. Hizo lo que debía y no hay nada que reclamarle al muchacho. González cumplió con su trabajo: salir a buscar a Selby desde el primer round. Ese acoso insistente, comenzando su ataque con esa mano izquierda en forma de gancho y cruzado, más el recto de derecha, terminó dándole el premio de tumba al galés en el inicio del duelo.

No llegó el nocaut desafortunadamente. Selby un peleador con poca experiencia profesional, pero con un pasado brillante como amateur, sobrevivió porque en sus piernas tiene habilidades de bailarín, zigzaguea constantemente y tiene una capacidad de girar sobre el eje del rival impresionante. Esa velocidad, sumado a esas rápidas combinaciones de golpes, penetrando la guardia del rival y saliendo como un relámpago, terminó por decantar la balanza a favor de galés.

Lo mejores rounds del nica fueron el primero, el segundo, el séptimo, donde logró desequilibrar al galés, y el décimo segundo en el que salió buscando el nocaut pero no lo logró. Al margen de la derrota, lo positivo fue ver una real evolución en Cristofer, mostrando una mejoría importante como en su velocidad a la hora de combinar sus manos y pasando muchos golpes con movimientos de cintura. 

Fue una buena presentación de González, quien debe sentirse satisfecho al igual que sus entrenadores Róger González y Wilmer Hernández.