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Cuando salió de Nicaragua muy temprano en aquel 1999 y se detuvo a la orilla de la imaginaria montaña de dificultades que se levanta frente a quien busca un espacio en las Grandes Ligas, Vicente Padilla miró hacia la cima y seguramente pensó: ¿Qué tan difícil será llegar? Sorprendiéndonos a nosotros y también a sí mismo, Padilla no tenía cuatro meses de haber aterrizado en Estados Unidos, y ya estaba lanzando en las Mayores para los Cascabeles de Arizona. ¡Por Dios! ¿Cómo fue posible un ascenso tan vertiginoso después de atravesar por Clase A y Triple A, mostrando brevemente sus herramientas, su temple y su empeño? Solo es posible cuando provocas una impresión llamativa, próxima a la certeza.

Cierto, en su debut, fue bateado por los Rojos de Cincinnati aquella noche del 29 de junio de 1999, no solo malogrando una posibilidad de salvamento, sino echando a perder el juego, pero, aun dentro de los frustrante del momento se sintió cobijado por la magia. Le parecía mentira estar ahí, en la Gran Carpa. Recuerdo como si fuera hoy la visita que le hice en el hotel, al día siguiente después de haber conversado con él en el camerino del Cinergy Field.

Unos meses antes, él estaba discutiendo con Argelio Córdoba sobre su comportamiento a bordo de un bus con rumbo a Masaya. La terquedad granítica del “Brujo” frente a la naturaleza rebelde del muchacho. ¿Te acordás Vicente? Ahora, después de haber sido golpeado por la adversidad en su primer trabajo como pitcher de Grandes Ligas, después de haber estado parado descalzo sobre las brasas ante McGwire en una situación que hubiera podido escalofriar incluso a Rollie Fingers, Vicente Padilla trataba de ambientarse en “La montaña mágica” del beisbol, las Grandes Ligas.

Casi no Hitter

El 10 de mayo del 2002, en el estadio de Filadelfia, Vicente Padilla, convertido en el pitcher confiable en la rotación de los Filis, se aproximó a un juego sin hit ni carrera, un rapto de inspiración que tiradores del calibre de Steve Carlton, Roger Clemens y Greg Maddux consiguieron. El nica estaba a cuatro outs de la proeza, cuando fue víctima del hit de Chris Donnels. Un no hitter en apenas su octava apertura. ¿Se imaginan eso?

“Uno lo ve lanzar y considera estar frente a un monticulista graduado”, decía sobre Padilla el locutor de los Dodgers y miembro del Salón de la Fama, Jaime Jarrin. “Se le ve seguridad y eso aturde a los bateadores”. Ese pitcheo soberbio frente a los Bravos; esa casi-blanqueada contra los Rojos ponchando a 11; esos cinco innings perfectos contra la artillería de los Gigantes encabezada por Bonds, Kent y Sanders; ese casi no-hitter frente a los Cascabeles de Arizona, hizo preguntarnos: ¿Hasta dónde pretende llevarnos Vicente de asombro en asombro?

Juego de estrellas 2002

¿Otro nica en un Juego de Estrellas? Ocurrió de pronto. No poder contar con el zurdo Tom Glavine abrió espacio para Vicente Padilla en el staff de la Liga Nacional del 2002. Ciertamente el muchacho se lo merecía. Desde el fondo de nuestras almas, nos cobijaba una gran ansiedad: verlo lanzar en Milwaukee a Vicente frente a la gruesa artillería de la Liga Americana. Desde el arranque, Vicente había estado resplandeciente interesando al mánager Bowa, a nosotros y también a los expertos, con su gran actuación. Después de 10 victorias y 5 reveses con 3.05 en carreras limpias, Padilla trataría de seguir impactando, en una noche, en que todos deseábamos verlo brillar.

¿Y qué hizo? Entró en el décimo como último brazo disponible de la Liga Nacional, detrás de John Smoltz y el juego 7-7 desde el octavo. Benito Santiago era el cátcher. Eliminó a Pierzynski en línea al center, Rocbert Fick murió en roletazo a segunda y Johnny Damon, después de estar fauleando constantemente, entregó una mansa pelota al inicialista para el tercer out.

En el 11, que por cierto fue el último episodio por determinación de Bud Selig, el comisionado, quedando el partido empatado, Vicente envió a la base a Vizquel con pasaporte. El venezolano avanzó a segunda con roletazo de Garret Anderson y siguió hasta tercera base cuando el pitcher rival Freddy García conectó un batazo hacia el short. Con el peligro latiendo, Padilla obligó a Tony Bautista a elevar una pelota al jardín derecho. En total, se enfrentó a 7 hombres, cedió una base, no ponchó y no le batearon hits.

¿Cómo fue firmado?

En un informe publicado en la Revista del Año de los Filis, se explica que Junior Noboa firmó a Padilla en agosto de 1998. Trabajando para los Diamondbacks de Arizona, Noboa recibió la llamada uno de los scouts de su equipo en Venezuela. “Él me dijo que había un pitcher de Nicaragua quien parece que tiene buen brazo. Yo viaje rápidamente desde Phoenix a Maracaibo”. Noboa dijo que esperaba ver a Padilla pitchear contra Cuba en el juego por le medalla de oro en los Juegos Centroamericanos. “No lo dejaron pitchear”, dijo Noboa. “El mánager de su equipo nacional se dio cuenta que yo estaba allí para verlo, entonces no lo dejaron lanzar. Ellos querían que él se quedara lanzando para Nicaragua”.

“Yo le dije que por lo menos lo quería ver pitchear en el bullpen y tuve que pagar a uno de los cátcheres nicaragüenses para que le recibiera sus lanzamientos, porque cuando los oficiales nicaragüenses vieron a Padilla caminar hacia el bullpen, ellos mandaron a alguien para que apagar las luces del estadio. El cátcher reclamó que estaba oscuro”, dijo Noboa. “Le dije que le daría 50 dólares más. Yo vi a Padilla lanzar por lo menos 12 veces. Mandé a alguien con una identificación falsa a la villa donde los atletas se estaban quedando para que lo sacara. Él se quedó conmigo en el hotel”.

Un pequeño bono

Noboa dijo que Padilla aceptó firmar por 12,500 dólares, pero el equipo necesitaba que su madre también firmara el contrato. “Cuando mi scout llegó a la casa de Vicente Padilla en Chinandega y vio las condiciones, me contó que esa parte del pueblo era bien pobre”, dijo Noboa. “Le dije a Don Mitchell (el director de los Diamondbacks en ese entonces) que a mí realmente me gustaba este muchacho, pero que la familia era bastante pobre. Yo le pregunté qué podíamos hacer por ellos. Mitchell le dio a la madre de Padilla un cheque adicional de 5000 dólares”. Eso apunta la publicación.

Un pitcher de furia y poder, sin miedo a los retos, Vicente en Grandes Ligas ganó 108 juegos, perdiendo 91, con cuatro completos, ponchando a 1,121, con cifra máxima de 156 a lo largo de 14 temporadas entre 1999 y el 2012. Estuvo con los Dodgers en la postemporada del 2009 con balance de 1-1 y cuando los equipos de las Mayores perdieron interés en sus servicios, se fue al beisbol japonés. Es el atleta nicaragüense que más dinero ha cobrado. Casi 13 millones por la temporada del 2009 con los Rangers.