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Se impuso el Barcelona al Alavés 3-1, conquistando por tercer año consecutivo la Copa del Rey, trofeo pequeño con nombre grande. Gol de Messi en el minuto 29 abrió el marcador, respuesta casi inmediata de Theo Hernández en el 32 estableció temporalmente el 1-1, y los dardos clavados por Neymar a los 44 y Paco Alcácer en tiempo de reposición, con el aporte de maniobras desequilibrantes y precisas de Messi, sellaron la pizarra. Un partido con brillantez azulgrana en el primer tiempo mientras Messi se elevaba hacia el cielo entre las nubes, y mucha confusión consecuencia de las precipitaciones, en una nublada segunda etapa, reducida solo a ciertos chispazos. Eso sí, legítimo triunfo de la tropa que Luis Enrique dirigía por última vez, asegurando su noveno trofeo en corto tiempo, incluyendo un triplete, lo que le permite irse con la frente en alto y pisando fuerte.

Entre la desolación que aprieta al Barsa, eliminado de la Champions y superado por el Real Madrid en LaLiga, existía el peligro de presenciar una final de copa fría como una tumba cargada de ilusiones rotas entre el favoritismo obvio del Barsa. Seguramente el rey Felipe llegó al estadio Vicente Calderón, por última vez escenario de un partido oficial, con su ánimo carcomido por lo que podría ser un duelo de bajo voltaje. Pero, durante el primer tiempo, se vio desplazado de su trono por el accionar deslumbrante de Messi, que se convirtió en el rey del espectáculo con su imaginación desbordante, destreza incomparable, facilidad para hacer conexiones y definir, y jefatura autoritaria sobre lo que se debe hacer para manejar un partido, clarificándolo, y como hacerlo.

Los cuatro goles

El pincelazo de zurda ejecutado por Messi combinándose con Neymar en una larga pared, durante un avance vertiginoso del Barsa, destrabó el incómodo 0-0, después de la lesión de Mascherano, y que el Alavés, pese su falta de contacto con el balón, malograra dos oportunidades, una de ellas con remate de Ibai devuelto por el poste que turisteó amenazante frente a la cabaña azulgrana, erizando los pelos y los nervios del arquero Cillessen. El taponazo impresionante de Theo Hernández, futuro Real Madrid, un hermoso disparo de zurda fuera del área, niveló el marcador, pero no hizo decrecer el dominio de balón y de terreno, el manejo de los hilos y la capacidad de agresión del Barcelona. Se dio por un hecho que pronto el Barsa sacudiría nuevamente las redes.

Y fue lo que ocurrió. Una larga cabalgata de Neymar por la izquierda facilitó la proyección de tres hombres vestidos de azulgrana por el centro y la derecha. Messi volvió a maniobrar y extendió a Gomes por la derecha, quien dibujó el trazo rasante hacia el área chica que pasó a la orilla de Alcácer y remató Neymar. Parecía que el primer tiempo terminaría 2-1, pero el Barsa aprovechó la extensión de 4 minutos, con el gol de Alcácer completando otra maniobra de Messi en el área. Ese tercer gol dio la impresión de noquear al Alavés, o por lo menos, dejarlo groggy. No fue así porque el Barsa no pudo seguir ejerciendo presión y su futbol perezoso del segundo tiempo, solo activado por el incansable Neymar en la banda izquierda y por Messi por el centro y por la derecha, cuando era habilitado, abrió espacios al Alavés que se apoderó del balón con más confianza y estuvo incursionando constantemente buscando el segundo gol, que no se produjo.

Fue la Copa del Rey Messi en la cancha, con el rey Felipe ovacionándolo en las tribunas. Un premio que difícilmente sirve de consuelo al Barsa.