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No había forma de imaginar una temporada como la que está confeccionando el derecho pinolero de 6 pies 5 pulgadas, Juan Carlos Ramírez, por cumplir 29 años en agosto. Once años después de haber ingresado a las Ligas Menores en el 2006 y sin señales alentadoras desde el 2013, cuando debutó en las Mayores con la chaqueta de los Filis, ponchando a tres de los Mets en forma consecutiva, provocando un impacto que fue fugaz, Juan Carlos seguía siendo una intriga poco interesante. Su balance de 5-7 a lo largo de 108 relevos sin iniciar juego, con 5.13 en carreras limpias a lo largo de 126 entradas y un tercio, nos obligaban a ser extremadamente cautelosos. El tiempo pasaba y Juan Carlos no “cuajaba”. Obviamente, las esperanzas de verlo instalarse definitivamente en la Gran Carpa se estaban desvaneciendo. 

METAMORFOSIS. Después de verse involucrado en seis transacciones que le facilitaron un tour por Seattle, Filadelfia, Cleveland, Arizona, regreso a Seattle, envío a Cincinnati y aterrizaje en Anaheim, el pinolero se levantó una mañana como diría Kafka, agigantado, convertido en un pitcher de verdad, entrando en un proceso evolutivo con el buen manejo de una curva dañina, y sobre todo, consiguiendo que su brazo finalmente obedeciera los dictados del cerebro, la conexión que todo pitcher necesita, como bien lo apuntaba en su época como coach de pitcheo, Johnny Sain. La metamorfosis de Juan Carlos ha asombrado al mánager de los Angelinos Mike Scioscia, y por supuesto, al mismo tirador cuya confianza había sido carcomida.

MADUREZ. Es difícil que un joven pitcher en proyección renuncie a depender esencialmente de su poder, cuando es exuberante, aproximándose a las cien millas, para tratar de imponer respeto. Humeante y haciendo estragos durante faenas consecutivas de 9, 7 y 9 ponches, en recorridos de 5, 7 y 5 entradas frente a Houston, Oakland y Texas, Juan Carlos ganó un juego y perdió otro. La madurez, en cualquier aspecto de la vida, se acelera cuando es empujada por las circunstancias, y Juan Carlos, con el agregado de la curva y el mejor manejo de la localización, fue hacia la teoría de Luis Tiant: sacar más outs con menos lanzamientos. Ha ponchado a 2.5 y 3 adversarios en sus últimas tres aperturas, trabajando 7 episodios, 6 dos tercios y otros 7, cediendo solo 2 boletos y ganando 2 veces.

EXPECTACIÓN. Este mejoramiento de insospechado alcance le permite a Juan Carlos ser el máximo ganador del staff con 5, el dueño del mejor promedio en carreras limpias entre los abridores con 3.38 y el tercero en ponches con 47. Después de verlo funcionar en la mayoría de sus 9 aperturas consecutivas tan consistentemente, cada vez que se anuncia a Juan Carlos nuestra expectación es mayúscula. La sospecha ahora, sin entrar en cálculos globales, es que seremos testigos de otra gran actuación.