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Al margen de su derrota contra el galés Andrew Selby, el viernes pasado en Cardiff, me gustó la actuación de Cristofer González. Supe que al muchacho, de 22 años de edad, originario de la colonia Nicarao, le ha golpeado muchísimo anímicamente ese descalabro, no solo porque se le escapó la oportunidad de disputar el título mundial 112 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), sino también porque siente que lo despojaron del triunfo.

Soy de los que vi una pelea cerrada, 115-113 fue mi tarjeta a favor de Selby, pero debo señalar que al galés no le marcaron una caída, y eso hubiese cambiado mi puntuación. Aún si daban por legal la caída, Cristofer no iba a ganar, pues analizando la amplitud en las puntuaciones, me da la sensación de que ya existía una predisposición en contra del nica por parte de los tres jueces. 

La única manera de que ganara era noqueando. 

Sin embargo, me gustó la manera en que Cristofer afrontó el compromiso. Él decía que muchas veces se le criticaba porque salía muy pasivo en los primeros asaltos, pero esta vez no fue así. González fue con todo, tumbó a Selby en el primer round y encendió la posibilidad de un nocaut tempranero que desafortunadamente no llegó. Una de las lecciones que debe dejarle este pleito es precisamente eso; ser intenso desde el arranque le dio resultados.

Otro de los puntos que me gustó fue su estado físico. 

La mano de Wilmer Hernández se vio, no solo en las condiciones sino también en los puños del nica. Cristofer mostró más velocidad a la hora de combinar. Se sabe que Wilmer es un maestro con la mascota, trabaja bien y provoca que los peleadores mejoren.  Supe que se trabajó mucho en ese aspecto, hubo evidencias en el ring.

Como último punto, sigo creyendo que Cristofer no debe seguir buscando un título en 112 libras. No es que no tenga la capacidad para coronarse en esa categoría, pero es mejor que regrese a 108, su peso natural, y en el que puede explotar al máximo sus virtudes físicas. En 108 tendría más ventajas sobre sus rivales y el camino es menos espinoso.

La gente que lo maneja (Pablo Osuna y su equipo de Nica Boxing) y él mismo peleador deben entender que es una mejor opción reclasificase en 108 libras, no importa el organismo, y de allí comenzar el camino hacia esa oportunidad que ansía Cristofer. El chavalo tiene potencial para ser campeón, pero lo más importante es su hambre por convertirse en figura y el deseo de continuar aprendiendo con apenas 22 años. Espero un día verlo campeón.