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El pasado y el futuro son irrelevantes. El momento es todo. Lo saben muy bien Warriors y Cavaliers, dos equipos que puñales en mano, listos para batallas sin cuartel, inician hoy la Final 2017 de la NBA, aullando entre un oleaje de intrigas. Por vez primera en la historia se producen tres finales consecutivas entre los mismos equipos, después de la resonante victoria de los Warriors a lo largo de seis juegos en el 2015, y el resurgimiento colosal de los Cavaliers en el 2016, volteando ese 1-3 que daba la impresión de ser lapidario, para imponerse en siete duelos. En el primer caso, el factor clave fue la pérdida de Kevin Love y Kyre Irving como soportes de LeBron, y en el segundo, la inmensidad alcanzada por un James nunca visto, que hizo detener la rotación del planeta.

A FAJARSE SIN BAJAS

Casi, casi, llegan ambos equipos a esta final con balance de 12-0, algo sin precedentes, pero inesperadamente, los Cavaliers tropezaron frente a los Celtics en el tercer duelo correspondiente a la disputa del banderín del Este, cuando LeBron se metió en el congelador limitado a 11 puntos, perdiéndose de vista en la oscuridad, desapareciendo como la figura cumbre que siempre fue en cada uno de los triunfos de Cleveland, demostrando que no es un robot, como muchos sospechaban asombrados por su rendimiento colosal. En tanto, los Warriors aprovecharon la pérdida por lesión del “as” de los Spurs, Kawhi Leonard, para arrebatarles el primer juego y abrirse paso hacia una tercera barrida consecutiva.

Indiana, Toronto y Boston, los tres equipos doblegados por Cleveland, consideran que esas historias habrían registrado desenlaces diferentes, si LeBron James hubiera estado con ellos. No es la misma consideración con los Warriors, equipo compacto, con suficientes individualidades y una llamativa variedad de recursos para desequilibrar, capaz de resistir a LeBron ahora que cuentan con el aporte de Kevin Durant, la más grande e incidente incorporación conseguida después de la caída del telón en el 2016. Lo mejor es que los rivales no tienen bajas y llegan al tope en su funcionamiento.

GREEN PUEDE SER FACTOR

Hay ventaja de los Warriors en el cuarto hombre con Drymond Green, quien presenta promedio de 13.9 puntos con 8.7 rebotes y 7.2 asistencias en los Play Offs. Saludable, el trío destructivo de los Cavaliers con LeBron, Kyre Irving y Kevin Love, es metemiedo, pero los Warriors juntan a Kevin Durant con Stephen Curry y Klay Thompson, comprometido a regresar a su nivel habitual de productividad, planteando un duelo de cañoneo largo en caso de la rigurosidad de un marcaje. J. R. Smith y Tristan Thompson completarán el quinteto inicial de los Cavaliers, mientras los Warriors cerrarán con Green y Zach Paculia o Je Vale McGee, dejando atrás a Andre Iguodala, David West y Shaun Livinngston. Los Cavaliers también disponen de un buen banco con Deron Williams, Kyle Korver, Iman Shumpert y Richard Jefferson.

Aunque aparentemente es difícil fijar un favorito, se observa entre los entendidos una inevitable inclinación hacia los Warriors, pese a que Cleveland tiene al mejor jugador del planeta y puede llegar a funcionar como el mejor equipo, tal fue visto en los tres juegos finales del 2016 y largo rato en estos Play Offs. La presencia de Irving, de gran crecimiento bajo presión, y de Love, constituye un gran apoyo para James, pero el bloque Durant-Curry-Thompson-Green, es una fuente de fuego, capaz de fabricar grandes arrebatos. Me quedo con el favoritismo de los Warriors en esta final que debe ser de alarido.